11 de septiembre de 2007

Esta maldita manía de preguntar...

(Comment a Eduardo Robredo)

"Y, ante todo... qué demonios tienen que ver las extravagancias de Nietzsche (por ejemplo, sobre el "superhombre" o el "eterno retorno") con el mundo moderno."

...

No lo sé. Pero pongamos las palabras a jugar... Y se me ocurre que la idea de "superhombre" y la idea de "eterno retorno", cada una por su lado, alcanzan, cada una de ellas, a una creencia fundamental de la época moderna, y por la tanto de la tecnociencia (también de la pretensión de extenderla a la sociedad). Podría ser la creencia común, colectiva, optimista (en efecto) en la perfectibilidad del ser humano (de la especie y del individuo). En fin, toda esa constelación de ideas que todos los llamados a la filosofía (valga la ironía) podríamos escribir. Al respecto del optimismo progresivo o progresista, uno se imagina un ser que mejora con el tiempo. Pues bien, el "superhombre" propone directamente la sustitución pura y llana del ser, y el lugar de la nada, del mal, del error, etc. en el mundo. Y, por lo tanto, y esto es esencial y muy moderno, es coherente con un planteamiento de la cuestión de la verdad antropológicamente radicada (en un sentido pragmático: pensando -llegado el caso- que la verdad es el error o la perspectiva útil). A su vez, la idea de "eterno retorno" no es que alcance al ser (humano), sino a la misma idea del tiempo (la historia). Es decir, no ya a la materia (el hombre) sino a la forma... de concebir una esperanza o un sentido. En el primer caso tenemos una novedad pariente de la nada, una anticreación (de un ser no humano: ¿eugenesia?, ¿ingeniería genética?); en el segundo caso, la negación de la novedad (no hay mayor desesperación que andar en círculo y no poder pretender encontrar nada nuevo, lo cual acaba matando el deseo y la humanidad).

De esa forma, no desestimaría yo las aportaciones (por extravagantes que puedan ser a primera vista, o en algunas de sus consecuencias... después de muchas vistas) de Nietzsche, ni las de Marx, ni las de Freud... (Suelto los tópicos de la sospecha, pero es que no puedo jugar sin reglas con las palabras, y las únicas reglas que tengo son lo -poco- que sé.) Utilizadas prospectivamente tales ideas "suspicaces" llevan al disparate (si es que no al crimen, que también). Pero vamos nosotros a ser retrospectivos, a pensar "históricamente" (o sea, un imposible, porque uno no se puede quitar la piel del tiempo, de su tiempo). Quizás, en ese caso, con ese atrevimiento, Nietzsche, Marx, Freud (y más) no representen más que el espejo ajado (?), sucio, quebrado, de una época, que es la de los efectos de la Ilustración (y nuestra muy "post-" época también pertenece a esos efectos), una época que produce una ideología o religión secular basadas en la confianza en el cambio progresivo, tan potente (ese sistema o no sistema de ideas) que se puede parangonar sin pudor con las religiones sobrenaturales, espirituales o como queramos llamarlas...

Me parece que es el "Principio de Thomas" el que correlaciona la verdad de una idea con la realidad de sus consecuencias (es decir, no con su correspondencia fáctica o coherencia formal). Es evidente la potencia efectiva del marxismo (¿de Nietzsche y Freud no?). ¿Y por qué no entender tal principio metodológico, refiriéndolo no a las consecuencias sino a la verdad de las causas? Me parece que por este camino vamos a deducir que cada época secreta su propia ideología o imagen del mundo... Pero, ¿esto es falso o irrelevante?

Pero lo que yo quería señalar (pienso) era que si, realmente, un criterio válido de demarcación (entre lo que es ciencia y lo que no) pasa por la incapacidad predictiva de los pseudosaberes (pero infinitamente capaces de generar hipótesis ad hoc -y por lo tanto de no explicar nada a base de querer explicarlo todo-, aun después de muertos), eso no debe implicar un rechazo tajante de lo que no es predicción en el marxismo y otras filosofías modernas (sí, radicalmente modernas), y por lo tanto habrá que matizar lo que se quiere señalar con un criterio de demarcación: para separar el grano de la paja científicos, y para trazar posibles síntesis o complementariedades entre las "dos culturas"...

Corremos -con lo dicho: fertilidad "retrodictiva" de ciertas ideas filosóficas- el peligro de situar el alcance de las ciencias sociales o humanas en la "descripción" de los sucesos, en la "simpatía" o en la "comprensión". Lo que también significa una filosofía de época, que supone tácitamente la imposibilidad de los intentos puramente explicativos, y por ello predictivos, en el campo de los actos (ideas, símbolos, conductas, instituciones, etc. ) de los seres humanos.

Excelente el blog.

1 comentario:

Egoficción dijo...

Tres cosas.

Primera. estoy de acuerdo en que el carácter a científico de Nietzsche o Freud no restan valor intelectual y eficacia espiritua a dichas antropologías. Pueden ser fériles 'restrospectivamente', o poéticamente.

Segunda. No suena mal eso de pensar un nuevo estatus 'científico' para las ciencias sociales distinto del de la explicación y la predicción. Condenas, entonces, y no es una bendita condena, a las ciencias sociales al campo de la Literatura (donde ya se encuentra, apesar del lenguaje de los filósofos, la filosofía). Asumir esto sería enriquecedor.

Tercero. No comparto tu interpretación de Nietzsche. reduces a N. a un crítico social mientras que él era un psicólogo y un crítico de la Cultura (Civilización). Más específicamente. El Superhombre es un nuevo hombre pero no 'la bestia rubia' ni un megaanimal darwiniano. Dionisos siempre vence (aunque lo reconozca en el lenguaje de Apolo). La verdad más tremenda que el 'Superhombre'es la idea escalofriante del 'Eterno Retorno'. Este significa el reconocimiento de la imposibilidad de ninguna liberación ni progreso real (pues eternamente volveremos al estado de caída precedente). La enseñanza de N. es atreverse a vivir a pesar de tan gran y paralizante descubrimiento.