El hombre jamás ha amado al género humano en conjunto, razas, religiones y culturas, sino tan sólo a quienes reconoce como suyos, los de su clan, por vasto que éste sea. Al resto sólo lo tolera porque lo han forzado a ello, y cuando el daño está hecho, sólo le queda desagregarse. En aquella guerra extraña que se anunciaba, quienes más se amaban triunfarían. (J. R.)
auto/ficción
Blogger me avisa de que las leyes europeas, Dios las bendiga, me obligan a que avise a mis improbables visitantes y/o lectores de que mi blog usa cookies, pero a mí su aviso, incompetencia mía, seguro, no se me pone en la cabecera
24 de octubre de 2026
Hemerotecas, archivos
23 de octubre de 2026
22 de octubre de 2026
21 de octubre de 2026
Bibliotecas, hemerotecas, aristotelismos
Aristóteles se ocupa primero de las causas generales de las revoluciones. Su fuente está en las nociones unilaterales y falsas que los hombres se hacen de la justicia. Los demócratas piensan que los hombres por ser igualmente libres deben ser absolutamente iguales; los oligarcas creen que, porque los hombres son desiguales en riqueza, deben ser absolutamente desiguales. Tal es la mentalidad de los revolucionarios. Sus objetos son el provecho y el honor, o evitar la pérdida y el deshonor. Las causas que producen esta mentalidad son la indignación ante el acrecentamiento de los provechos y los honores de los otros, la insolencia, el temor, el indebido predominio de ciertos individuos, el menosprecio, el crecimiento desproporcionado de tal o cual parte del Estado, las intrigas electorales, la negligencia que permite que las personas desleales lleguen a las funciones políticas, el descuido de los pequeños cambios, la disimilitud de elementos en el Estado. Sus grandes conocimientos de la historia permiten a Aristóteles ilustrar todas estas diferentes causas de revolución. (Ross, Aristóteles)