Imagina un conjunto numeroso de seres, hechos para vivir unos con otros.
Imagina la ruptura, en un tiempo posterior, y sin conocer muy bien cómo, de la armonía, el cambio de la paz ordenada por la tensa enemistad.
Algo ha ocurrido, presumiblemente que la conversación general cambió de intereses, o que se retiraron los dioses, o yo qué sé, quizás que el cuerpo o el dinero invirtieron los valores.
Desnaturalizados, queremos inventar un pacto legal, de todos con todo, para regenerar antiguas libertades.
O quizás echamos el ancla en la conciencia particular, a ver si en el ucrónico lugar nos encontramos de nuevo, dialogando armónicos.
¿Qué ocurrió? ¿Se dejó de pensar? ¿Debemos confiar de nuevo en el pensamiento, en la fuente de pactos y conciencias, en esa luz que se enciende en Cosmópolis?
