Cambia el bañista y cambia el río, y es un contrasentido que la oración que lo dice quiera constancia en su significado.
(La lógica del asunto, conducida al absurdo, demanda una foto fija del bañista en el río, y la proscripción misma del enunciado. El mundo es. No, indecible. Es, sin mundo ni lenguaje que introduzca cambio en nada.)
