... La clave está en la educación, cuando el hijo del hombre de honor observa el desprecio al padre, y que desde la familia se le echa en cara que no saque el provecho que los demás sí que sacan, despachados los escrúpulos. De qué sirve el honor que no trasluce en ostentación, le reprochan. (Vid. Rep. 549 c-e, donde se pormenoriza la dejadez en negocios y litigios del personaje solamente honesto) Le reputarán loco e idiota, por no acatar el logos común que ordena buscar el beneficio por cima de la honra. Socialización pervertida, de la familia a la plaza, la que padece y que llevará al muchacho a claudicar y cambiar de tabla de valores. Así el timócrata deviene en oligócrata.
(Envidia y emulación señalan la inconveniencia de la ataraxia para la vida doméstica y social.)
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