Fama y ostentación vigen de valores supremos, con arreglo a la opinión común, en la sociedad timocrática, el régimen del honor en segundo grado (el primero y auténtico, que más corresponde a la ciudad virtuosa, es sombra que viene de las acciones justas). Fuerza y señorío califican a quien es amo y nunca siervo, a fin de ejercer la virtud de la magnanimidad sobre el pueblo admirado por los símbolos y hechuras con que se engalana el poder.
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