Lo primero que debe notarse en la biografía intelectual de Aledaños de Almanzora, filósofo correspondiente a la escolastica helenizante que tuvo su acmé en la provincia sudoriental a finales del siglo XIII, es que no estaba imbuido de la corriente principal de su época, aunque sí de los temas cercanos. Logos, ethos y polis dijo el sabio tutor del estagirita que eran los intereses del pensamiento, y en realidad no dijo otra cosa Manuel de Kénisber en su reductio antropologica philosophiae. Aledaños no discurre del logos, que da por sabido y común, sino de los humores del cuerpo y su alimentación, que habilitan a la mente para la bajada súbita, broomm broomm, del intellectus agens y su cohorte celestial de species; no instituye fines inconcusos de la vida humana, sino que frunce el ceño y lamenta la iniquidad de sus conciudadanos, menesterosos de pastilla y palos por mor de sus vicios y crímenes innúmeros y atroces; a lo último, en evidente corolario, no espera nada allende las paredes de su ameno jardín, ebrio tras las muchas lluvias. Ni médicos ni jueces le han de echar el lazo, piensa mientras piensa en la huidiza eternidad de los mundos, a salvo, la eternidad y él mismo, de cualquier empresa de los funestos comedores de manzanas.
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