(Lo que va quedando del entretenimiento, 20 de diciembre de 2006:
"La semántica, la sintaxis. La prosa, el poema.")
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¿Una extensión horizontal de la mirada? Sí, el presente, los días: todo eso que no queda más que dicho/escrito. Un recuerdo condenado, igual que las puertas...
de las habitaciones
de las casas
de las calles
de las ciudades.
¿Cómo abrirlo después? Fiándolo a la suerte, a su consagración que se denomina ciencia. A otras palabras y otros ojos que se buscan mutuamente.
Sin después. Dejándolo a la lectura instantánea y olvidadiza.
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(Público y privado)
Escribir es una acto de los cuerpos, obligados a eso como a otras muchísimas cosas. Se les ha llamado para que actúen, y en verdad son unos grandes actuantes: respiran y dejan marcas de sus manos que aspiran a eternizarlas. Alguien desenvuelve el regalo y se encuentra con el pensamiento, con el libro.
En alguna ocasión privilegiada, lo que pasaba detrás de la frente ya quería llegar a las manos: en un amor o en unas letras. El convocado debe abandonarse, dejar que las cosas le pasen, dejarse de pragmatismos (que son las tendencias de las realidades a que juguemos demasiado con ellas, a entretenernos). Nunca la luz es tan hermosa que cuando no es mirada, cuando hiere sin esperarla. A tantas cosas llamamos luz, pues no se puede evitar ser agradecido, ni las palabras amables, sorprendida(s).
Ocurre sin querer, a ras de suelo, en el temor: dejando chispas fugitivas, palabras que se incendian en el papel, /el arder santo en silencio de las bibliotecas./
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