3 de agosto de 2007

Propósitos

Ir, para no verse obligado a perder la razón, a las cosas mismas...

... perdiendo cualquier interés previo, en aras del mayor interés...

... olvidándose de los intermediarios, de los objetos que son artificio, y de las mañas de su cabeza (lo que tienen de peso obsesivo las ideas)...

Como si fuera tan fácil desprenderse, soltarse de las amarras (las costumbres, las ideas, las inclinaciones): cuando está más deprimido juzga que es casi una tarea imposible, que requiere unas fuerzas que a él no le fueron destinadas... (¿A alguien? ¿A quién?)

... olvidándose del más peligroso intermediarios, las frases sueltas, el lenguaje fragmentado y confuso, cruel vecino, ruido de la vida: imposible de entender, incapaz de entenderlo él...

(Nota bene: Las listas de buenas intenciones que regularmente se tienen que escribir no deben servir de mucho: están ya fuera del orden previsto -social, común, racional, lingüístico-, de la economía vital, las costumbres y las gentes.

Son buenas intenciones para residir, acomodándose al lugar, en el infierno.
De ahí su afición a las imágenes de las casas deshabitadas de los libros de arquitectura.)

***

(Lecturas, Doctor Pasavento, de Vila-Matas)

Pero lo que viene escrito ahora sólo incidentalmente tiene algo que ver con el buen intento autoficcional del escritor barcelonés, con la multiplicación especular de los dobles que, simétricamente, están obsesionados por la desaparición o la ausencia...

(...)

Digamos que el puente entre su discurso y mis fragmentos está en una vocación del personaje por el silencio y el retiro que, pienso, está al margen de la razón común y del lenguaje. O se trata nada más, quizás, de que la lectura añade algo al texto, que la interpretación completa la obra, y en el mejor de los casos, si hay suerte, la obra no envejece. Pero eso sólo ocurre en el mejor de los casos...

(...)

Esto es lo que viene:

A ver si lo entiendo: el que posee un sistema cerrado, perfecto, redondo, de pensamiento... Quiero decir, y empiezo de nuevo: al que posee un sistema de perfección en sus ideas, en todo lo que piensa, sin fisuras, preparado para la respuesta, para cualquier respuesta, ¿cómo se le va a convencer de que una de sus proposiciones, aunque fuera la más modesta y producto desganado del cansancio del día, aun ésa, no contiene la descripción de la verdad de lo que es, en cada uno de sus pormenores?

¿Cómo penetrar dentro de los edificios particulares y estancos de la razón, volver el monólogo divino en diálogo humano, la tiranía en política--- ?

¿Qué sentido podría tener la buena intención de llevar a cabo un diálogo ininterrumpido con el defensor de la fe, aun que se trate de una fe racional y nada sobrehumana?

El que dice que miente cancela su razón porque vuelve loco al interlocutor: lo convierte en un contrario; el que dice que tiene la razón miente, porque cancela su razón y pone en riesgo o en fuga la del otro, la de todos---

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