31 de enero de 2007

Niebla

¿Qué pasa en el cerebro del escéptico para que tome la decisión de ponerse a dudar de todo lo que piensan los demás? No le serviría su opinión sola, una más frente a las otras como las cartas de una baraja deshecha, desplegada sobre la mesa y abandonada. Para quien -hasta ahora- ha abrazado la ortodoxia no hay consuelo, prefiere elegir la desesperación como su única certeza; porque al argumentar contra todos los demás nunca se olvidó de creer en su propia opinión: la verdad, la única. Vacía, sí, porque la tiene que vivir solo y no le da pie a la soberbia de la fama ni al trato de bellas mujeres, que no sabría cómo tratar.

Por eso pienso que su cerebro está enfermo.

La obsesión de los lunes

(Lo ajeno y lo propio)

Pasa a ras de tierra, en el extremo de la transparencia del pensamiento a sí mismo /(una vez que ha cesado, o casi)/, que sólo ha conocido -inmotivadamente, a su parecer- en las cimas del star system.

Lo normal son los pequeños miedos: el conducir con lluvia, las obligaciones y errores de un padre, pensar /él/ que nunca se ve capaz de abandonar un curso de intenciones que no le conviene /nada/. Así, cuando mira la nobleza y la dedicación en un rostro, cuando lo observa de nuevo, el fruto del trabajo del tiempo y de las manos, no sabría guardar rencor. No digo que sea bueno ni útil guardar rencor -demasiado bien conoce la esterilidad de envidias y ambiciones!-, sino que se fija sólamente en las lineas de la cara y olvida lo demás, equívocos y desaires. Ojalá pudiera olvidar que es culpable. Porque, acerca de la nobleza que quiere observar, él dudaría mucho en confiar que también sea suya. ¿Puede sostener que carece de esa virtud, presumir de falta de nobleza? No, ya que es pequeño y sólo se agarra a lo que finge, /un aire fugaz/ /los aires fugaces/.

(Los pequeños viajes que emprende en tardes lluviosas deprimentes, le tienen que asegurar lo poco que sabe. /Pues esta tarde se acercó a la biblioteca municipal de H.O./)

***

¿Qué significan esas cosas para ti? Hablar, y esta visión fugitiva que tienes ahora, cuando puedes verlo, viejo y ciego, deslizándose, fiado a la memoria sólo, noche tras noche por los pasillos, hasta su muerte.

Enero de 2007.

30 de enero de 2007

MASG, o la redención educativa a través del tormento y el fuego, IV

"Porque es una tarea enriquecedora para quien la recibe y para quien la realiza. No hablo de dinero (aunque no se debe olvidar esta faceta). Hablo de otro tipo de enriquecimiento. Si se pretendiese incentivar la profesión docente sólo con dinero, ¿no acudirían a ella los más avaros en lugar de los más generosos? Trabajar con seres humanos encierra una posibilidad enorme de desarrollo personal y social." (MASG)

(Planteamiento)

“No hablo de dinero”. Claro, porque el dinero contamina al docente y lo envicia, y hay que mantenerle viva la vocación, que donde mejor es con la pobreza, ¿verdad? Pero Vd. Se delata: “aunque no se debe olvidar esta faceta”. La concesión no significa aquí realmente nada... si no se tiene prisa en leer. Porque el experto no puede decir que “se debe olvidar esta faceta”. No digo que no lo piense, que sobre eso se pueden tener legítimas y razonables suposiciones, sino que realmente no lo dice. Lo que dice es que no se debe olvidar, pero ¿qué significa esto con tal de que se tenga memoria (de que el trabajador merece cobrar bien)? Bien. Correcto, pero la memoria sola no compromete a nada, ni mucho menos a una mejora salarial, pese a que el incauto lector imagine esa referencia posible a la mejora de sus condiciones económicas.

(Nudo)

“Hablo de otro tipo de enriquecimiento. Si se pretendiese incentivar la profesión docente sólo con dinero, ¿no acudirían a ella los más avaros en lugar de los más generosos? “ (MASG)

¿Verdad que no se trata de dinero? ¿Queda claro? Pues el dinero envilece con el pecado. Nada más y nada menos que uno de los capitales, a lo que el predicador-pedagogo no puede ser ajeno, ya que él quiso la verdad y el bien. Puesto que se puede incentivar “la profesión docente” (¿dónde quedan los particulares, los individuos de carne y hueso, trabajadores, reales?) no “sólo con dinero”, el práctico político-pedagogo habrá de extraer la necesidad, y hasta el deber moral (no faltaba más!) de pagar con otra cosa que con dinero; no con algo más que dinero, sino con algo en lugar de dinero. Pues el lenguaje (y sólo tengo de él su lenguaje) autoriza a deducir esta posibilidad de pagos simbólicos, que son más baratos que los pagos monetarios, y generan menos quebraderos de cabeza políticos (menos agravios en las ambiciones y envidias sociales).

(Desenlace)

¿Aún dudáis, hijos míos? De verdad que os estáis ganando el Reino de los cielos, aquí en la tierra y por adelantado. Eso, disfrutad antes, que después ya veremos... Pues ya se te paga, caro mío, con ser “generoso”. Tú eres generoso y tienes vocación, y yo soy generoso y te perdono tus culpas. Pero no quieras el dinero, que no te conviene, que te ensucia y te hace malo. Nosotros los catedráticos no podemos aceptarlo más que con asco, y como deuda simbólica que debemos pagar para evitar la soberbia del teológico saber que abruma nuestras mentes y nuestros corazones, por vuestro bien (moral, no pecuniario). Porque tú no querrás ser un avaro... (Dixit)

Veo legión de notarios conscientes -al fin- de su vida extraviada, decididos a la verdad y el bien, a lo imprescindible de la tarea y del camino, maravillados y convertidos, pues ¿qué puede significar que el 50% de los docentes británicos estén dispuestos a renunciar, si se te paga en cupones de generosidad? Hasta es posible que caiga en las redes algún torpísimo especulador inmobiliario, que se convierta mágicamente a la vocación enseñante (pues ya se tiene de la gramática la parda).

A no ser, a no ser... Dios mío, tremenda duda me corroe! A no ser que si estuviera bien pagada la profesión docente, magníficamente pagada y con derecho a la posibilidad mental (ahora subjuntivísima) de perescrutar magnífico chalet en primera línea de mar español, sin agobios cada vez que tuerce el mes, decidieran -digo- dedicarse al oficio los más sabios, sagaces, trabajadores e insomnes estudiosos; una gente temible y odiosa que supiera sus derechos, su valor y su capacidad de juzgar de su valer y saber, y que estuviera dispuesta a hacer respetar sus derechos. (Pues me han dicho que los derechos laborales son menos formales y más reales si se pueden contratar abogados; y el voto menos cautivo, si no se necesita para comer: no sé qué del caciquismo, me dijeron.)

"Porque es una tarea colegiada: no se puede entender esta profesión desde una perspectiva individualista. Cuando se trabaja en solitario se consigue menos y se pasa peor. No hay niño que se resista a diez profesores que estén de acuerdo. (...)" (MASG)

Las tareas colectivas me producen urticaria, así que personalmente no veo por qué han de ser más útiles los comportamientos propios de un colegio cardenalicio en una profesión que tanto ha dependido del esfuerzo personal por saber y transmitir/enseñar lo sabido a otros. Sospecho que los profesionales (liberales; ¿liberales?, qué hermosas palabras!) utópicamente bien pagados en táleros constantes no necesitarían colegiación en su trabajo sostenido en el amor propio y la tranquilidad. No obstante, conozco las ventajas del ser colegiado (y aun del ser colectivo o totalitario) si lo que conviene es transformar el traspaso total de responsabilidad al docente en un conjunto de obligaciones concretas y horarias, con la penitencia consiguiente de la multiplicación de las reuniones y la burocracia (tácticas muy conocidas por la inteligencia miltar: las de no dejar descansar, para no dejar pensar). Adepto al surrealismo en pedagogía, habiendo tenido y teniendo tan buenos maestros en ejercicio, hasta doy las gracias por las tareas que el señor (y sus delegados en este mundo, vicarios o representantes de la administración) nos impone en tardes regulares, principiadas o, mejor, antecedidas por ágape común y colegiado en restaurante económico (i.e., con exceso cuantitativo de clientes generosos sobre los avaros). Digo lo del surrealismo por el empeño infinito y amoroso de la ciencia pedagógica en resolver el viejísimo problema, tormento de las ideas platónicas, sostenido por Aristóteles y conocido mayormente como el argumento del “tercer hombre”. No éste, ni ése, sino aquél (hombre): es decir, no la idea ni lo que es concreto (material); sino lo que sin ser idea ni ser concreto está en medio de los dos mundos, en el seno del abismo (separación o viejo caos)que los separa. Pues ésta es lo impresión que este analista de la retórica profana tiene de los empeños de la argumentación psicopedagógica, a través de sus distintas sectas y ministros en la tierra.

"Porque es una tarea gratificante: se insiste en los problemas de la profesión, en sus facetas amargas. Se habla menos de sus dimensiones gratificantes, de sus estímulos, incomparables a los que brinda cualquier otra profesión. ¿Qué hay semejante a ese alumbramiento en el saber, en la honestidad y en la convivencia que es la tarea de educar? ¿Qué hay comparable al hecho de ayudar a que las personas sean más sabias, más bondadosas, más felices?" (MASG)

“Tarea gratificante”. Ahora. Naturalmente. Por eso los ingleses se quieren ir, ellos que normalmente son tan poco propensos a irse. Realmente no existe nada más gratificante que ese “alumbramiento”. Sólo que no se cree en ese alumbramiento, porque éste significa ilustración, oficio contra las tinieblas originado en el inmortal comadrón ateniense. Y la ilustración significa instrucción pública, como bien conocía la II República, enseñanza. Por lo tanto, dominio y ostentación (¿detentar?: en absoluto, sino humildad y rigor) del saber por parte de unos profesionales que, por esa sola razón, deben contar con autoridad y respeto, encargados como son y están de la reproducción y el mejoramiento social. ¿Pretende sostener esta tarea el experto? Me temo que no, dada la preceptiva evangélica/moralizante que acompaña la mención del oficio de instruir (pero él querrá decir educar). Pues el catedrático debe saber acerca de la dificultad histórica para realizar un socratismo por decreto (saber = bondad=felicidad). De hecho, él no se puede permitir ingenuidad tamaña, que le negaría como socrático o le situaría como impostor. Por lo tanto, el socratismo es imposible y él debe apuntar (inconscientemente, porque no se le pueden suponer maliciosas intenciones) a una captación de la generosidad del auditorio, en tanto pago hic et nunc -por la parte del sabio pontífice- del sueldo simbólico que se le ha designado, en razón de sus funciones históricas.

"Porque es una tarea histórica: los profesores constituyen eslabones silenciosos en la cadena que conduce a la humanidad hacia el progreso y la mejora. ¿Qué hubiera sido del mundo y de la historia sin los maestros? Quienes tienen conocimiento tratan de utilizarlo en su beneficio (y de esconderlo a los competidores). Sin embargo, los profesores forman un grupo humano que tiene por oficio compartir todo lo que saben, transmitir a otros sus conocimientos, despertar en otros el deseo de aprender." (MASG)

Pero callemos por hoy.

29 de enero de 2007

Ilustración y Romanticismo

La falta de continuidad, el hilo en lo que escribe, le llevaría a la temida facilidad del artículo. Pero, ¿quién se encargará de leer estos periódicos?

***

(De una nota escolar)

"Se propone la dignidad en tanto herramienta de la felicidad, aunque no qua medio de la felicidad. Ésta debe permanecer como un resto de fe, ajena al cálculo. Tiene que ser entrevista igual que el alma de la mujer bella, en la lejanía. Inmediatamente olvidada, para poder dedicarse en cuerpo y alma (ahora la suya) , al ajetreo diario, burgués o asalariado. Así puede dar de comer a su familia, pero tendrá que olvidarse del alma bella, que elige residir en palacios lejanos, sin contactos exteriores. Su vida aislada, cifra de la realidad de él (símbolo del residuo fideísta en el libro ilustrado), vive en el espíritu como la unidad aspirada, dentro de él, en su reflexión incansable: puesto que el alma amada se constituye, desde el principio, como si fuera un objeto; aunque quedara fuera del cálculo, de lo que tú alcanzas, y de esa manera haya de seguir por toda la eternidad -histórica. No puede tenerla porque le representa a él mismo, aquello de que carece -su desgracia de viviente.

(...)

La conciencia se le transforma en palabra, y ésta se le convierte en escritura. Obligado a estar en el mundo, lo que dice/escribe no puede serle ajeno al mundo; esto es, tiene consecuencias. Corresponde a anhelos insatisfechos, que no son sólo los suyos.

El mundo de la mercancía también ha logrado su propio poder de reflexión y encuentra ahí la posibilidad de hacer negocio. Al milagro del encuentro del interés y el artista lo conocemos como la obra. Ésta obliga a residir al artista en la vivienda de su amada (¿se acuerda él todavía de ella?), pobre y sin demasiadas esperanzas (¿sin ninguna?).

(...)

28 de enero de 2007

Buenos propósitos, silencio

Calla por hoy, escucha las canciones.

Deja el frío (para) que pase, los deberes para tu conciencia, /esa maquinaria humana de multiplicar escrúpulos, de complicar las acciones, aun las inacciones/.

Pobre /(porque así tienen que verte los demás, sobre todo si se comparan con ellos mismo, tan ingenuamente llenos de significados; o eso piensas tú que piensan ellos)/, no eres más rico porque estés ahora mejor comunicado.

La alegría de la canción te entra (¿te acuerdas?), y se va. ¿Quién eres tú, el que escribe? Si has de decirlo, dejarlo salir fuera, ya no eres tú, ya no se trata de tus pertenencias.

/¿No habíamos quedado en que eras pobre? Por lo tanto, a ti no te es permitida esa forma aristocrática de hablar: mío, tuyo; interior, exterior; tu vida, las otras vidas. Medita si no te conviene mucho más llevar tus cosas en la indiferencia, en el discurrir colectivo y en el progreso común hacia la ilustración: ni tú ni nadie (= ellos) creéis en otra finalidad social; en ningún otro interés cuya representación os pusiera en marcha; haciéndoos recordar vuestras disposiciones, de seres vivientes y racionales, obligados a hablar y justificar vuestras palabras-acciones./

Y guárdate para ti tus culpas, para pagarlas.

/Si la deuda constituye una culpa, el pago representa la expiación. Ay, amigo de las analogías, del pensamiento deficitario, siempre necesitado de los maestros, de los sabios, de los viejos, de la tradición: fuera de lo correcto, de la justicia, de la verdad, del progreso./

Recuerda: no siempe vas a poder contar lo de la calle helada, la nieve caída y todo eso.

A., 27/28 de enero de 2007.

27 de enero de 2007

Tormenta de nieve

Hablando de mí, de nosotros, las cosas que digo, las que se dicen, aparecen teñidas por una interpretación caprichosa. Es mía, o la he hecho mía, una vez que la he adoptado.

Desteñir la interpretación supondría dejar de tratar de mí y de nosotros. No se estaría hablando de nadie; pero -dado que se habla- habrá que nombrar esa realidad ausente o desconocida. Alejada la visión subjetiva, el escenario científico parecería repleto de unos personajes desconocidos: átomos, estructuras, relaciones de un conjunto, significantes de un sistema de comunicación/significación... (Estas cosas aparecen en los libros, esa parte costosa de la cultura.)

Igual que las cartas desperdigadas de una baraja, o la obra de teatro deshecha, aunque los sistemas suelen tener vocación de teatro filosófico, fantasmal en su concepción y en su ejecución posterior: resulta impensable la coexistencia de sistemas que cohabitan malamente -de esa manera los hemos visto siempre-, si no es a causa de algún vicio de origen que los ha hecho nacer, crédulos de sí mismos, convenciendo -por lo menos- a los demás de que son crédulos, de esa su ingenua espontaneidad que hace visajes de verdad primera, /semillas o gérmenes de una ontología/.

¿Reunir, finalmente, las cartas? ¿Quién podría? ¿Para qué? Puesto que no hemos de conocer el resultado: dejemos la grandeza de la esperanza ilustrada -Kant- para los que vengan después a utilizar la razón en el mundo que no termina de aceptarla; no se ha de creer en la felicidad ahora, la topía; ni dirigir las tendencias, realmente otras interpretaciones fantasmagóricas, hacia las mentes, para que sean normas de su valor, reglas de conducta diaria, leyes en los parlamentos y presos en las cárceles.
Antes de creer en los pronósticos, conviene un pequeño acto de autodestrucción de la razón: pues esto es el análisis, porque en esto consiste la crítica.

Vivir diariamente realizando este trabajo, en uno mismo y para la reflexión, no deja, sin embargo, de provocar inconvenientes serios: los gélidos y fantasmales conceptos de la ciencia social avanzada (¿hacia dónde?) son relativamente tranquilizadores (han tomado prestado el calor de algún sitio: del prestigio o de la comodidad), comparados con los hechos que no comprendes, que desazonan porque no se sabe cómo han empezado ni cómo han de acabar, si se tiene la fuerza y la habilidad suficiente para desarrollar por completo un curso de acción cuidadosamente planificado, aunque tengas la certeza -terrible, desagradable- de que interrogar a los otros acerca de lo que pasa no haría más que agravar el problema y sus derivaciones...

26 de enero de 2007

Vivir...

...separando lo desagradable; abstrayendo de las noticias desagradables, de todo aquello que -lo sabes, te lo dijeron- desautoriza médicamente la alegría: las dudas del vivir, las dudas del morir, las palancas de tu dolor.

Soñando o escribiendo: vives menos, pero mejor; ahorrándote el sufrimiento que intuyes en lo que cuentan, en los males que les afligen.

¿Para qué los pronombres, si siempre eres tú? Debes de tenerlo mucho más seguro en días desapacibles como éste de hoy, porque la belleza de la nieve, hasta la belleza blanca, tiene que inquietarte.

Qué difíciles de encontrar son las palabras amables! Que las encuentren para ti o que las encuentres tú. Porque se trata del mismo deber, igual desconcierto, y no distinta incomprensión.

MASG, o la redención educativa a través del tormento y el fuego, III

(Aclaraciones, 26 de enero de 2007, nieve y frío)

¿Rectificar lo escrito? ¿Eliminar las erratas? ¿Dónde se encuentra la falla moral? Puesto que se nos ha dado la posibilidad de pensar, ¿hemos de ser castigados si pensamos mal, si faltamos a la lógica?

Tenemos que quedarnos con las indecisiones: ¿para qué sirve completar lo escrito? ¿Quién te pide que aclares?

Pero un kantiano no aguarda a eso, se lo debe.

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(25/26 de enero de 2007)

Captatio benevolentiae, ofertas de empleo: se necesitan profesionales, “los mejores de un país”. Umm! Qué mal pienso! Pues no que se me ocurre que lo que quiere decir es que los que hay ahora no son los mejores... Para “abrirlas (sic) el camino del bien y de la verdad”. Nada menos! Nada más que las instituciones escolares empeñadas en el trabajo de la construcción de la autonomía sustantiva, esa libertad positiva que ya ha encontrado su para qué, y ha podido finalmente responder a Lenin y Mussolini: libertad para la verdad y el bien, un platonismo político que sólo los reaccionarios identificarán con el fascismo. A lo que el catedrático no quiere referirse, sino a todo lo contrario.

Pero no puedo dejar de imaginarme el dedo del Tío Sam llamando a filas tras la última contraofensiva de las tropas de Vietnam del Norte, la fuga hacia la nada de los malhadados Bush, solicitando un esfuerzo más de la nación, una voluntad más, otras decenas de miles de soldados. Ya diré por qué digo esto, aunque mi redacción ya es transparente y se me puede comprender mucho mejor de lo que yo me comprendo... Porque sólo se llama al que tiene vocación, quien se siente obligado a sentir la llamada, para lo cual son muy útiles -no obstante- los actos de propaganda de las cátedras universitarias.

El “camino del bien y de la verdad”: hacia los objetos verdad y bien, en consecuencia, en tanto meta, en cuanto objetivos conocidos. Yo me pregunto en qué momento hemos conocido la verdad y el bien, qué maestros nos han alumbrado y de qué manera se podría perder u olvidar un saber de tal y tan amplio alcance y vuelo. Aunque no me gusta ese alumbrar de la verdad y el bien que evita el esfuerzo de quererlos y buscarlos libremente, una vez que están ahí dispuestos como metas hechas, como la felicidad -por lo tanto- por fin encontrada y definida para todos. Una educación así constituye, efectivamente, un “medio supremo”, y también la persona educada en la que encarna, obligada a buscar ? la felicidad, a salir de sí misma hacia la meta.

***

"Porque es una tarea difícil (y arriesgada): consiste en trabajar con «materiales» complejísimos (concepciones, conocimientos, sentimientos, emociones, valores, ideas, creencias, expectativas...). Es difícil también porque cada persona es un mundo diferente. Y porque hoy aparecen en la cultura invitaciones potentes a recorrer caminos equivocados. Ante la dificultad puede uno reaccionar con desaliento o con dinamismo. La dificultad se puede vivir como castigo o como reto." (MASG)

Ratio secunda: Lo necesario igual a lo difícil. Aquí lo sigo, aunque sólo un momento, porque inmediatamente se localiza la dificultad en el apartamento ocasional o accidental del bien, en las invitaciones potentes y alternativas que el docente superhéroe podrá/habrá de/deberá contrarrestar.

Elige el reto o el miedo, la libre actividad o la libre pasividad. Claro, conocida la meta, se determina automáticamente el camino de perfección que conduce a ella. También los múltiples caminos de imperfección culpables, que se apartan de ella. Renunciando a la libertad, no dejan de ejercerla: por esa razón son imputables y castigables (reos, culpables). Su culpa, según algún otro ideólogo, es no haber conocido en sus plenas consecuencias la necesidad de bañarse en el río de la historia, de no alcanzar la conciencia de la necesidad que los esclaviza en vida, y los vuelve ? libres (su única forma de ser libres) en su saber subjetivo.

Ciertamente, el que vive la realidad como si ésta fuera un castigo, ya sólo por ese motivo debe ser castigado: se fija en una conciencia (propia, indebida) que lo retrae de la fuerza de lo real, y no contribuye a la vida del ser colectivo, el bien, la patria, la nación, el progreso. Su apartamiento representa el crimen, lo es. Pero un pensamiento de que el apartamiento constituye el crimen representa ya, por su parte, un punto de vista criminal sobre las cosas. La traslación a los demás del conocimiento personal del bien total (colectivo, público, histórico), sea en la forma de una ciencia o bajo la forma de una determinada política -lo que es lo mismo, si la ciencia se puede reducir a un interés-, se reembolsa al cabo del tiempo con la existencia de cadáveres en el camino, o esas vidas infelices que todos conocemos. No queramos un bien para imponer a los demás una camisa de fuerza, para negarlos en vida.

25 de enero de 2007

Después

(23 de enero de 2007, noche)

Nos ocurre: asistir desde fuera a lo que se dice, se razona o vive. Verlo de paso, confuso; la luna entre las nubes; la imagen que quiero en gris de un día de frío, una verdad escasa, lo que llega después de tantas dudas.

***

(Recordando)

¿Cómo señalar la alegría en una certeza tan pobre? Ir andando, mirar arriba, caminando solo por el puente, a deshoras. Ver la luna, casi no verla, velada y casi eterna; mucho más que tú y material, siendo más que tú sin soberbia.

A ti te vuelve engreído lo que dices, bastante más que lo que piensas. Esto último no es tuyo y ya casi no te importa; en las palabras, sin embargo, concentras un brillo absurdo. Descrees de lo inmaterial, de las ideas, y te permites engañarte con fulgores falsos, materiales, las palabras, el sonido, lo escrito en silencio, el libro... la vida falsa y social en la que te tienes que recoger, al no soportar la dureza de las ideas, que serán eternas pero saben a ceniza, a muerte para ti si inmortales ellas.

No entiendes lo que escuchas, le das vueltas y sigues sin entenderlo. ¿A “qué” le das vueltas? Eres tú el que giras, tu cerebro, en ti, que funciona mal. Dependes, hasta para entenderte, del saber divulgado, de la circulación social y adquirida del saber, de los sucedáneos de la ignorancia que te debería hacer más honrado, veraz, sincero.

Cuando has aceptado renunciar a la luz, más a las luces falsas, aceptando vivir y los fallos, reconoce que ahí tienes una posibilidad de ser otro. Lo malo para ti es que ves la posibilidad, que no llegas a amarrarla. Aceptas soltarte -no ves otro remedio- y seguir en lo falso. Llámalo enfermedad, o carácter. Por un momento sirve de razón, aunque sabes también que los argumentos no son lo tuyo: nunca has podido coger las cosas con sus argumentos. Y luego está tu tendencia -no heredada- a enmudecer, a la hora de la verdad, aunque te satisfaga pensar que con eso eres libre.

24 de enero de 2007

MASG, o la redención educativa a través del tormento y el fuego, II

"Voy a plantear algunas razones por las que merece la pena ser profesor hoy (digo profesor y no maestro para incluir en el término a docentes de todos los niveles, aunque me gusta la palabra maestro). Razones que voy a agrupar bajo seis epígrafes." (M. Á. Santos Guerra)

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No diré nada de la encantadora y convenientísima igualación entre profesores y maestros, aunque el catedrático guste de la "palabra maestro". Claro! Yo también. Como gusto de la palabra "rosa" y de la palabra "amor". Pero, ¿gusta él de las acciones del maestro/profesor? No diré nada más que esto.

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"Porque es una tarea imprescindible: enunciamos problemas sangrantes de todo tipo. Buscamos soluciones en mil sitios. Y olvidamos frecuentemente la educación como medio supremo. Hacen falta, pues, profesionales (los mejores de un país) capaces de ayudar a las personas a crecer, de enseñarlas a convivir, de abrirlas el camino del bien y de la verdad." (MASG)

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Se trata de desempeñar las razones, de sacarlas del baúl de los sabios. Por eso, se le agradece que una la ciencia a la didáctica: "seis epígrafes". Pues así ha de resultar mucho más sencillo y agradable (simplificado) a nuestras inteligencias pequeñas. El primero de los epígrafes ya tiene que dar el tono de la argumentación, una atmósfera, la calidad propia de la que ha de vivir el discurso en sus vaivenes futuros, en mis exégesis, en sus peligros... Mas el experto no teme a la lógica. Quiero decir que no teme sus reglas, que no le importa cumplirlas o incumplirlas. Descubrimos un primer mar: el profesor es imprescindible. Aunque podía no serlo: China pudo sobrevivir a la revolución maoísta, a la deseducación radical. Me temo -ahora yo- que el profesor es imprescindible para poder contar con una primera víctima de los discursos de la polis, de la praxis de los políticos. Dejemos eso.

Admitiendo que el profesor sea "imprescindible", de ninguna manera se puede concluir que sea suficiente, que represente la "solución". Las condiciones necesarias no acostumbran a ser suficientes. De hecho pueden ser plenamente estériles, como muestran (no es cuestión de razones, sino de obras... que son amores) ciertos indicadores. Sin embargo, el experto no pretende apuntar una "solución" con un significado lógico-matemático, sino la desaparición de los problemas, "sangrantes". Acabáramos! Nada menos! Debe haber olvidado, es tan corta y sabia su memoria, los fundamentos (siquiera subjetivos) de la queja docente, ese malestar tan denostado, tan impropio y poco fino (porque las ovejas no deben balar...): que la supuesta solución educativa de todos los males constituye justamente el problema, que la institución escolar es enteramente problemática -desde sus mismos cimientos, el edificio entero-, que no sirve para lo que debe servir, porque la educación es, ante todo, reflejo de un gravísimo problema social, y yo no pretendo extraer conclusiones ni hallar soluciones, sino indicar que la correlación de hechos puede ir en los dos sentidos, que por eso es una correlación y no una conexión causal, una legalidad científica establecida (¿qué experimentos hay para ello?). Nada menos que el protestantismo ha sido puesto en relación con el capitalismo, pero no como un efecto ideológico del capital, sino como uno de los factores causales de/en su aparición. Entonces, ¿quién soy yo para evitar pensar que la dirección causal correcta es la que va del interés social hacia los buenos efectos (prácticos: resultados, realidades) educativos, y no al revés. ¿Se le ha ocurrido al experto preguntar a la gente, por mor de conocer sus intereses, de primera mano; por mor de ver si arraiga en sus cabezas esa mentalidad típicamente protestante que se traduce en el esfuerzo por saber, ese mismo esfuerzo que traspasan a sus hijos como la mejor herencia, a veces la única y enamorada herencia? Porque estas cosas pasan. ¿Pasan en España?

La educación... "medio supremo". Por Dios! Qué atrevimiento! La educación sólo puede representar el fin supremo, el lugar final de cualquier interés previo, del entero amor que la vida (humana) puede depositar en el saber. Pensar lo contrario es imaginar coartadas, planificar excusas, esas ruinas futuras que ya queremos tener aquí de forma irresponsable (¿cómo se puede tener pasión por la ruina?). ¿No se nos ha dicho que somos libres? Y pretendemos, con las instituciones escolares, ser modelados como plastilina, querer ser plastilina.

El final de la razón primera es plenamente consecuente:

"Hacen falta, pues, profesionales (los mejores de un país) capaces de ayudar a las personas a crecer, de enseñarlas a convivir, de abrirlas el camino del bien y de la verdad."

23 de enero de 2007

Tesis 11, WB

(21 de enero de 2007)

Se nos ha pedido que seamos obreros alemanes: ajustarnos al futuro, ciñéndonos a su cara presente (eso es conformismo).

Realmente, el obrero (productor-consumidor) alberga la ilusión de la ciudadanía, de la aspiración utópico-solidaria a la ciudadanía mundial, a la paz, el reino de dios.

Pero no sé si resucita la moral protestante del trabajo -¿no resucita, más bien, la moral del descanso, del ocio, del siempre es domingo?

El trabajo es por igual la redención y el mesías, el cuerpo social y el cerebro, máquina y fantasma: los bienes completos -es decir, la felicidad, la visa absolutizada- han de provenir del trabajo. Por el socialismo a la fe!

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Progresos del dominio de la naturaleza, confrontados al retroceso de lo social. Aquí se asiste a una contradicción aparente: un modo de producción avanzado, subsidiario de una barbarie renovada (feudalismo, incluso esclavitud del día -(?)-).

Un concepto positivista, técnico o tecnocrático de naturaleza se adueña de la cultura, propicia una (falsa) ilusión de libertad, lo que desemboca en el fascismo (en una petición cínico-autoritaria de un significado verdadero, positivo of course, de libertad).

Contrario a él, un concepto soñado y poético de naturaleza, que invierte la lucha por la vida y su consecuencia inmediata: ya que lo salvaje está ahí para ser dominado, sobre eso tienes todos los derechos, dios te los concedió. ¿Qué precio se debe pagar por que todo no sea gratis? ¿La poesía?

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(El año de la muerte de Kafka)

Una vez que el paso del tiempo ha cumplido su función, una vez que ha podido destruir la falsedad de las ambiciones -los materiales innobles que hienden la tierra-, dando en su lugar una forma bella, armoniosa -hasta en el color, fundido con el de la tierra en torno-, cuando todo ello ha ocurrido, destruyéndose tu memoria, tu capacidad de hablar, tu persona... sólo entonces puedes creer en la restitución, en el pago de un deber (la deuda universal), lo cual salvará lo existente en su adecuación a lo que es.

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(23 de enero de 2007)

¿Por qué tu sueño de Kafka? Una representación vívida de un personaje humano comunicándose con su criatura, que te resulta familiar en el sueño. En efecto, el odradek. Ahora no puedes recordar la aniquilación del creador, pero sí -aún- la del objeto: reabsorbiéndose en sí mismo, metamorfoseándose hasta quedar en nada. Posiblemente, él desaparece de una manera parecida: tal para cual. En el sueño le comunicas a ella que la película que estás viendo (sí, es una película) es una representación de un cuento de Kafka, una traslación narrativa de un objeto increíble. Parece tratarse de un episodio de una serie dedicada al autor checo, por otra parte. Despierto, luego, cuentas el raro sueño: el autor que has soñado.

22 de enero de 2007

Frente del norte

El frío que pasas cuando atraviesas los puentes de A., justo antes de que anochezca por completo, te resarce de aquello que te ves incitado a escribir.

La ciudad, con sus partes alta y baja, se sitúa a los costados de una rambla, una avenida seca, que en ocasión de inundaciones ha podido hacer mucho daño.

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Asimismo conoce el miedo, el ridículo, cuando está a punto de ser atropellado esta misma tarde, sorteando los coches.

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No puedo dejar que me venza el entusiasmo. Aunque siempre se dan razones para poder dudar de cualquier cosa, para no tener que esperar nada, o para esperar lo contrario -sostenía. Ése era el atrevimiento con el que daba comienzo a su noche.

***

¿Qué agudeza de alcanza? Impresiones sueltas: el frío en la cara, la alegría que te produce pensar en si habrá enrojecido a causa del viento que viene helado, aunque después te imaginas que extras algo pálido... Pensar que tienes que escribir esto mismo, cruzar los pasos de peatones, y acordarte de que andas algo despistado, también cuando conduces. Pero no debes darle demasiadas vueltas. Lo anotas y lo absuelves. Ya estás acostumbrado.

MASG, o la redención educativa a través del tormento y el fuego, I.

Miguel Ángel Santos Guerra, "Ganar la vida de los otros", en Escuela, nº 3732, 18 de enero de 2007, p.2

(Comentarios a propósito)

***

(Yo) Un mar de tibieza anega nuestras vidas: los dolores son inhumanos, pero hemos de aprender a sobrellevarlos, ser dóciles y dulces. Pues, si no, caerá sobre nosotros la culpa de nuestro dolor. En la dureza de tales momentos nos acompaña el saber, poniendo significado y vida para el desaliento de los días de trabajo sin resultado. Contamos, eso sí, con las facultades de pedagogía para comprender la marcha ideal del todo. La sublime bondad del experto acoge un momento en su pecho las lágrimas que se asoman a nuestros ojos, reflexiona y luego nos habla. Benditos sean el saber y la virtud.

“Según una reciente encuesta británica uno de cada dos profesores desearía dejar la profesión a la menor oportunidad. Algo parecido parece ocurrir en otros países, entre ellos el nuestro. ¿Qué está pasando? "

Según el experto no está ocurriendo nada, sino derrotismo: un delito en tiempo de guerra. Es decir, que el docente es culpable de su queja, de los hechos y de lamentarse de los hechos. Supongo que los imperios que caen, los ejércitos que van de derrota en derrota hasta la liquidación final, se sirven de la misma retórica, de la impuesta negación optimista, de similar arsenal -pues otro no les queda- para intentar ocultar que ya no hay tiempo. Por cierto, la culpa, el delito de lesa educación no lo señalo yo, sino él, en claro castellano:

“Considero preocupante esta actitud pesimista ya que el profesor está en relación intensa y directa con grupos de personas que se encuentran en fases tempranas de la vida. La actitud derrotista es una tragedia para quien la vive y para quienes la tienen que soportar desde una posición de inferioridad.”

El lenguaje es adorable, sirve para el amor y para el crimen, pero se burla de los ingenuos que creen en la inocencia: se parte de la disposición del lenguaje que estima “preocupante” una “actitud pesimista”. Por lo tanto, ya desde el principio, ya desde lo eterno para la jerga pedagógica, se trata de una cuestión de interioridades, de incorrectas apreciaciones subjetivas... Que nunca han de corresponder a los hechos; los hechos, ¿qué hechos? ¿esos resquicios positivistas de la reacción? Nada que no pueda (de)moler el molino ideológico oficial. Se parte de ahí, pero se llega a mucho más: a la imposición de un mecanismo de culpabilización para el derrotista, que ha de soportar la “tragedia” en su salud (salut = salvación), que ha soportar que le soporten su delito: los alumnos “en posición de inferioridad”. Ay de ti, alevoso docente, prevaricador, inarmonioso! Pues quien hace daño a mis pequeñuelos ya está condenado por mí. Cristo y la inquisición, una vieja historia... ¿Les suena? Ya no creemos, pero nos encanta la inquisición. Mucho más a los españoles, que veneramos el lenguaje reglamentario, las traslaciones de sentido, los deslizamientos: todas las premisas interesadamente entendidas para al final encontrar un culpable práctico. Nunca nos asustó la falacia naturalista... Nuestro valor siempre fue más amplio.

“Hay motivos para el pesimismo, ya lo sé” ...llena eres de gracia! Pues el lector, humilde y ya culpado (aunque a ratos me siento inocente como en las primerísimas semanas del paraíso; yo, pagano) agradece al sabio la concesión, la gran venia, porque ha podido hablar y se le ha escuchado, o se le ha observado, directamente o de soslayo, como se dice al principio del artículo, en el lenguaje aséptico y supradimensional de la ciencia (“He detectado). “Sin embargo”: ¿Te pensabas que te ibas a ir sin pagar, pequeño? ¿Qué me había convencido lo que sabes? Pero, ¿qué sabes? ¿Sabes algo? ¿Yo te he dicho que sepas? No, no te he dicho nada, me he limitado a escucharte, no te confundas, mucha miel no te conviene, ni a tu lengua ni a tus labios.

“No digo sólo que merezca la pena que haya profesores, sino que merece la pena serlo.”

Qué extrañas palabras! Qué raro suena aquí el lenguaje! Qué mal sabe! Imagino la incomprensible situación de la creación (?) por parte de la sociedad de unos oficiantes que sienten desagrado de su oficio, como si fuera un trabajo ingrato que nadie quisiera desempeñar. Pienso que al experto le traicionan sus palabras, que reconoce sin querer una situación anómica, conflictiva, disruptiva, alienante: la existencia de unos papeles sociales que siguen existiendo y continúan siendo pagados, pero que se han vaciado de contenido, o que funcionan de acuerdo con unas reglas que hacen imposible el juego, cualquier juego. ¿Merecería la pena que no hubiera profesores? O, por lo menos, ¿podríamos aceptar, como un mal menor, que se sintieran a disgusto? Lo primero es para un pensamiento demasiado radical, y no para una sociedad que ama la moderación, porque aspira a conservar para sí y para sus hijos la tibieza del confort ganado. Aceptemos, en consecuencia, lo segundo, para ver de volver esa tristeza interior del docente en “motivos de optimismo”. Aunque no dejan de resonarme otras extrañas palabras que quieren describir los hechos (¿qué hechos?; ¿no habíamos decretado que no existen, que la teoría es mucho más fuerte, que la ideología es sagrada, más que la familia?):

“Según una reciente encuesta británica uno de cada dos profesores desearía dejar la profesión a la menor oportunidad. "

Porque estamos ya acostumbrados a creer que las encuestas reproducen nuestro pensamiento, lo que hemos pensado, lo que vamos a pensar, lo que tenemos que pensar. Curiosa lid ésa, con la mitad de desertores... Es como dos que se amaran, y uno de ellos no quisiera. ¿En serio se pueden predicar razones para el optimismo cuando la mitad de los empleados de un oficio estarían dispuestos a dejarlo? ¿Hasta qué punto pueden llegar los motivos de la voluntad, la vieja y aburrida canción de los motivos de la voluntad, la forma de la prédica antes religiosa y hogaño rousseauniana?

21 de enero de 2007

Sueños

(19 de enero de 2007)

¡Alegría del sueño,
a la que nunca dicha alguna cierta
ha llegado!

- ¡Y qué triste alegría
diaria, esta
con que nos conformamos, olvidando
la otra, la otra, la otra;
que sabe, cada día, que no es más que
semilla vana de la flor del sueño!-

Juan Ramón Jiménez, Eternidades

La denegación del autor: ¿Cuál? ¿El AUTOR? ¿El Autor? ¿El autor? ¿El “autor”? Son diferentes posibilidades de afirmación/inscripción textual. Pero el autor (en general) suele vivir de sus crisis, de los momentos de duda/s. La irrupción de nuevos medios -físicos, tecnológicos- de transmisión/almacenamiento de la escritura no cambia en nada su posición básica, fundante de discurso. Únicamente nos dificulta, a nosotros y también a él, el entendimiento ajustado de lo que sucede (la construcción de un sistema de enunciados verdaderos, la ciencia). No había de ocurrir de otra manera con la escritura electrónica, que abre posibilidades (accesos a y desde) múltiples. Esa multiplicidad no le niega (a él, el autor): la acoge, selecciona, duda, piensa, interpreta o malinterpreta... todo un conjunto de acciones que tradicionalmente corresponden a la actividad reflexiva de un sujeto. Delante de una disposición de las cosas como ésa, negar la autoridad del autor equivale a imaginar una humanidad de clones (en la esencia y en el número). Lo que realmente se complica es el reconocimiento de la condición de (autoridad del) autor, pues se ha hecho meridianamente claro (/luz del mediodía, sin sombras, eterna/) el juego interesado de (en) la escritura del libro, esa modalidad industrial del reconocimiento de la autoría, de la escritura y el texto. Pero realmente no creo que se descubra nada nuevo recordando la fragilidad de la fama que consigue el escritor, la difícil objetividad crítica en la atribución de mérito.

El poema de JRJ no genera ninguna duda al respecto: corresponde a una experiencia universal para la que habitualmente faltan los términos adecuados (se tiene la impresión, pero falta la verdad del juicio; por así decirlo), y que por ello se relega a la emoción, la lírica, el lenguaje en primera persona, expresivo-no científico. El mérito de JRJ es tomar el lenguaje por su envés, desbrozándolo de hábitos (de la política y de lo vulgar). De ese modo, poner en mente la tristeza de tantos despertares, que no nos podemos creer que nos alejen de la felicidad; y por eso nos resistimos a dejar de invocar: “la otra, la otra, la otra”; trinidad infortunada de las derrotas asumidas (con un significado que no comprende el tercer día del espíritu hegeliano).

Pues esa flor nunca se ha abierto para ti!

20 de enero de 2007

El vagabundo y la niña, im-presiones

Una tarde de sábado, milagroso y como si fuera domingo, me aproximaba, más serio de lo acostumbrado, a un lugar que adoro, que consigue hablarme más cuanto más se va perdiendo, en razón de la canallesca especulación, de los males necesarios...

Qué poco necesita el espíritu para retornar! Sólo la tierra calcinada, pobre, algún modesto recuerdo de lo verde: lo que ven mis ojos y después mis pies. La sombra que refresca el camino -el paso de la luz entre los árboles, filtrándose por dentro de la sombra- alcanza al espíritu que se asienta en la persona -viviendo en las habitaciones más remotas, muy olvidado-, volviéndola feliz un momento, en su camino.

Pues se agregan a mi alegría las voces desaparecidas, trayéndome como la promesa de una repetición, un suceso imposible que debo interpretar considerando que todo tiene un significado, el que ponen los ojos en aquello que han visto.

***

Eduardo Hojman, "Predicciones imprecisas", Abcd, 20 de enero de 2007

...pero, acabada la capacidad de admirarnos, habremos perdido el amor más fiel: aquél -solo- que está en nuestras manos, el amor de saber. Se habrá constituido la (¿cuál es la palabra griega para "información"?)-sfera, pero habrá muerto el pensamiento (dentro y fuera de las Facultades de Filosofía).

Ex-presiones

Sol,
de enero en plenitud,
tibieza.
Arriba, fuera.

En las ciudades, un mismo y concordante caos de coches circulando. Huyendo de la ciudad, festejando el campo, el extravío de un día.

En mi cabeza, los pensamientos que no salen a la lengua o que, si hablan, lo hacen de una manera incomprensible.

Toda una realidad, mía y común, que quiere separarse de sí misma, en mi conciencia y en la suya. Se escapa, quiere abrigarse -olvidar- en un momento de sueño, de mediodía.

19 de enero de 2007

Tesis 10, WB

“Los temas de meditación que la regla monástica señalaba a los hermanos tenían por objeto prevenirlos contra el mundo y contra sus pompas. La concatenación de ideas que ahora seguimos procede de una determinación parecida. En un momento en que los políticos, en los cuales los enemigos del fascismo habían puesto sus esperanzas, están por el suelo y corroboran su derrota traicionando su propia causa, dichas ideas pretenden liberar a la criatura política de las redes con que lo han embaucado. La reflexión parte de que la testaruda fe de estos políticos en el progreso, la confianza que tienen en su «base en las masas» y finalmente su servil inserción en un aparato incontrolable son tres lados de la misma cosa. Además procura darnos una idea de lo cara que le resultará a nuestro habitual pensamiento una representación de la historia que evite toda complicidad con aquella a la que los susodichos políticos siguen aferrándose.” (Walter Benjamin, Tesis 10)

***

La meditación obedece a reglas privadas, como resultado de una soledad enfrentada al mundo social. Por lo tanto, a la opinión pública.

Se recogen las ideas de la calle (i. e., se retiran a descansar), desconfiando de la libertad de prensa: de la palabra profusa, excesiva, excedida...

Nos parece sencillo (pero ¿quién nos pide hablar?) identificar la misma confianza de principio e idéntica burocracia final en los desarrollos tardomodernos que conocemos en la actualidad.

Las mismas credulidades, dudas, sospechas... Aquí debe haber algún error!

(Creyendo en el progreso no se comprende ninguna idea. Esto no pertenece a las actividades mentales, a la libertad. Se trata de una superstición, de una fuerza de la costumbre. Qué difícil es intentar que desconfiéis de las queridas costumbres, del comfort! Tengo para mí que es muy difícil desaprender lo inconveniente.)

Ni post ni ultra ni hiper , todo lo cual supondría un añadido, del que existen fundadas razones para sospechar acerca de su legitimidad. Aceptando la condición del epígono (pues hemos llegado a creer que nos gusta, esa pasión entibiada; nos hace acordar con el tiempo), no se nos ocurre ambicionar nada más, y la confianza que podemos albergar -todavía- no se fundamenta en la idea del progreso, sino en un entendimiento abierto del tiempo, incomprensible, signo -por esa razón, por esa contradicción- de vida.

***

Un pensamiento que se ha retirado voluntariamente del prestigio social, consecuentemente ascético, libre de tentaciones, ha sustituido coherentemente el mundo por dios: un exceso de ruido por una plenitud de silencio.

18 de enero de 2007

Los parques

"Alfabetización", Miguel Marañón Ripoll, en Abcd, 13 de enero de 2007

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El tempo de la técnica no coincide con el de la cultura.Ésta exige la integración, un espejo individual y reflexivo, limitado, autoconsciente. Finalmente fracasa. Al contrario, los ciclos largos de la técnica son colectivos: una mala compañía, una urgencia innecesaria para la reflexión. He aquí el absurdo de querer fijar el horizonte de un saber en el tránsito (continuo, continuado): la materia y la forma de lo cognoscible, hic et nunc.

Qué pronto se nos olvidan Kant, los límites de la experiencia. Con cuánta prontitud se nos pide volver al prejuicio, al absurdo -de nuevo: dejar los libros para aprender a leer. Demasiadas contradicciones. A no ser que no se trate de aprender, sino de un desaprendizaje; de acabar con los límites de la experiencia por el expediente de disolverla. Oh tiempo de religiones de metal!

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(Pessoana)

Andan con su destrucción a cuestas, sus miserias, entregados a lo que sucede y es inevitable: el paso del tiempo con la caída del sol, cada día. No es cómodo encontrarse con la misma gente, a la misma hora. Conviene poner distancias, un descanso entre las miradas, lo que dices tú y lo que yo oigo, y a la inversa (¿dejar vacantes los sentidos?); dejarnos estar, pues podemos tan poco.

***

El tiempo mide la destrucción. Eso lo han sabido los filósofos, cuando han tratado con la vida, invirtiendo los términos de la realidad: eternizando -queriendo- un continuo de destrucción; nombrando sustancias, realidad, dioses; ejemplos imaginarios, presencias.

17 de enero de 2007

Fictiones, 16 de enero

¡Mis pies! ¡qué hondos en la tierra!
Mis alas ¡qué altas en el cielo!
-- ¡Y qué dolor
de corazón distendido!--

Juan Ramón Jiménez, Eternidades, 1918

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(Itinerarium ab infero, in deum)

Partido en el espacio, quebrados sus miembros entre un imperio y otro, entre mar y tierra, una isla.

Da el cuerpo a los pies, para indicar que es de plomo. Las alas a la mente, para sostener sus ambiciones; una querencia en la levedad que la eterniza, en el tiempo.

***

La condición insular radica en el dolor, en un viaje de ida y vuelta, a la vez deseado y temido; como la verdad contenida en la lengua que dice los márgenes de los cuerpos, resistiéndose.

***

Residiendo en el cuerpo máximo de la tierra, el corazón pone presencia al tiempo, dividiendo sus estados según su ánimo propio (los instantes, el momento). Hundido en la tierra, hasta el pasado pierde la vocación de su recuerdo; luego, suspendida en su frente la luz del día, alza los brazos quebrantados por el peso antiguo y quisiera volar. Al sol que invade todo lo llama su esperanza, sus alas; el cielo que lo adopta. Pero recordemos que vive sólo en el olvido momentáneo del peso, según los dictámenes de una providente diosa compasiva que suspende en ciertos tiempos las sentencias.

16 de enero de 2007

Indecibles

¡Olvidos de estos yos
Que, un punto, creí eternos!

¡Qué tesoro infinito de yos vivos!

Juan Ramón Jiménez, Eternidades, 1918

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(Inundación)

1973. Un hombre de seis años está detrás de la puerta, guardándose de la tormenta. Tiene miedo y frío, y una protección que le abandonará tiempo después, que tendrá él que dejar aunque no se decida nunca. Puede recordar la oscuridad en la calle, el deslumbrar de los relámpagos, la angustia que le producen los truenos. Él siempre detrás de la puerta, pegado al paredón de tierra, mirando afuera de vez en cuando, admirando con temor la absoluta oscuridad. No sabe dónde está el padre, protector protegido, inocente. Será para toda la vida aquél al que se debe, la deuda impagable: pues no puede y no quiere. Tiene que decir lo que él no ha dicho, pero ha manifestado de otra forma. Es imposible, mucho más de lo que puede lograr.

¿De qué otra forma? ¿De la que él conoce: antesala del lenguaje, deseo de hablar todavía no hecho palabra, urgencia de decir? Así lleva toda la vida, con invitaciones a ceremonias que luego no acaban celebrándose. ¿Por qué tendría él que desposarse con el lenguaje, con lo escrito: pues comprende el lenguaje como fundamentalmente lo escrito, /lo encuadernado/? ¿Lo escrito es lo válido? No. Pero es la huella de lo válido, la única, la voz conservada, /la verdad en botella/. Realmente no sabe si ha sido invitado.

Le sucede anticiparse de algún modo a lo que ha de decir. En momentos en que la conciencia ha puesto de su parte: concediéndole un trozo de memoria. No muchas veces, dura poco y requiere algún artificio.

***

Antesalas del decir: metáforas de la insuficiencia lingüística. Una anticipación o deseo sin nombre, inefable.