28 de febrero de 2007

Sin conexión

Pues no hay que buscarlas en todo lo que emprendemos: los actos valen por sí mismos o no valen, gratuitos, autónomos.

(Joseph Brodsky: Menos que uno)

Una anotación interesante para la explicación de las tiranías: surgen del número, de la desvalorización de la individualidad a causa de la irrupción histórica de las muchedumbres. No directamente, sino a través de un edificio de ficción, los partidos políticos, y de la ilusión de verdad que crean, como un sucedáneo de la vida individual. Así, por grados, el tirano representa un espejo de la sociedad, en la medida en que sale de (la cima de) un partido que sólo tiene, de acuerdo a Brodsky, un sentido demográfico (surgir de/en la era de las masas). Me parece otra forma de señalar el carácter banal del mal: sus actos provienen de la mediocridad, de la falta de pensamiento; si acaso de la astucia -aunque nos asalte la duda acerca de si la astucia no es la verdadera fuerza actuante en la historia, y todo lo demás no es más que moralidad -un empeño piadoso remanente de la conciencia subjetiva.

(Un viaje de compras a M.)

Igual que todos los ciudadanos de la provincia de A., también la afición favorita -las compras- de los habitantes de Hong-Kong según las revistas. Vocación consumista, que en mi caso se va a la letra impresa (renunciando desde hace tiempo a discos y películas): Ajmatova, Mandelstam, Trapiello, la biografía de los jerarcas nazis por Ferran Gallego, Imperio de Kapuscinski. Igual vocación -de gastar y reunir objetos: coleccionar, clasificar, razonar; legein more Heidegger- que todos los transeúntes que para mí son extraños, y yo para ellos, ocupando las aceras, sorteando los coches con riesgo. Qué pequeñas cosas somos, nos basta -a algunos- con asomarnos al tráfico humano y automovilístico -largas colas- de una ciudad mediana. Se ve la elegancia, sobre todo en las mujeres, pero me parece una elegancia frágil o tenue -piensas en lo fácil que es que desaparezca todo eso.

27 de febrero de 2007

Contrato social

(Roland Barthes en su autobiografía, según recuerdo)

El crítico puede poner ejemplos de pruebas escolares, mostrar sus mecanismos, sus prejuicios, dar a entender todos los juegos o relaciones de poder que hay detrás de esas hojas inocentes que deben ser respondidas por los jóvenes. Inversamente, podrá quizás apuntar hacia otra forma liberada de sociedad, una manera de cultura ni alienada ni alienante. Aunque nos parezca demasiado fácil que quiera convencernos de que la independencia -a través de la denuncia reflexiva, del análisis- de la opinión incorrecta trae ya consigo la verdad o la utopía.

¿Pero qué podemos hacer? Me pregunto qué sentido puede tener la lectura de una entrevista de Eduard Punset a Richard Dawkins (en su libro Cara a cara..., ed. Destino). Las palabras están ahí: gen, individuo, naturaleza, cultura, evolución, Darwin. La ciencia. ¿Para quién y de qué manera? ¿Se trata de una información -otra gran palabra- socialmente relevante? Y si no es socialmente relevante, ¿interesa esto a alguna forma de ética? Aunque quizás esta deba ser socialmente relevante, contribuir a la formación de la ciudadanía consumidora...

***

Nuestro trabajo, sí. Pero manda nuestro cuerpo, o esa parte que no quiere serlo del todo: el cerebro.

27 de febrero de 2007.

Un viaje

Tiempo de espera, libre, vacante: para pensar y hacer. La fiesta, el puente de Andalucía, nos sirve para viajar y conocer, extrañándonos -por unos días solamente- de lo ya demasiado sabido. Ir allí, a otra ciudad, y desplazarse: antes, tener la ocurrencia del viaje, convertir esa imagen en idea, y que la idea vaya tomando consistencia. Luego, persuadir y reunir -no es difícil- a los posibles acompañantes.

Tan sencillo todo como suspender el tiempo durante unos días, ponerse en marcha, descansar porque el trayecto es demasiado largo para hacerlo de un tirón, de aquí hacia el norte, en diagonal: otros pueblos y ciudades, un cielo igual de azul y un paisaje más verde (eso es lo que el pobre imagina). A pesar de todo, no dejar que los días se rompan en exceso: se aconseja prudencia a los viajeros, echándoles con la palabra la buena ventura, por lo que han de hacer y ver.

No debe importar demasiado que tú consideres el atrevimiento del viaje, lo que cualquier trayecto tiene de posiblemente irreparable (¿qué quiero decir, aunque sé que tiene significado?), y que los demás, viajeros contentos y nerviosos, no consideren lo que hay de orgullo en su actitud, la parte de abandono que contienen todos sus gestos, desde que han tenido la idea del viaje, la han discutido, entusiasmándose, buscando alojamiento y diciendo que sí a esta alegría, que merece ser anotada.

26 de febrero de 2007

Sendas

Mucho de lo que se escribe, la mayor parte en realidad, debería espantarnos. Me refiero a lo mucho que escribimos nosotros, no a la literatura de uso y consumo. (El comercio es una actividad legítima como cualquier otra, aunque literariamente no diga nada y sólo sea difícil determinar hasta dónde llega el poder económico en el ámbito literario. La muerte electrónica de la autoría también debe indicar o significar, en parte, la muerte del comercio literario -de los derechos de autor.) Encontramos anotaciones de hace un año, de hace dos o de hace cinco, y no sabemos hacia dónde nos encamina ese sendero que abrimos en el bosque. Falla el contexto, porque buena parte del significado de los que decimos depende de situaciones del momento que no se fijan en la memoria, o que se fijan muy adentro y es igual que si se olvidaran o nunca hubieran ocurrido.

Por ejemplo, percibimos un engaño y eso mismo nos hace recordar una obligación que sabíamos que habíamos contraído, imponiéndonos obligaciones que no nos dejan entretenernos en futilidades. Así son la mayoría de las conversaciones, de los pequeños negocios que emprendemos en sociedad. No sé si el engaño, constatado, en ese sentido tiene alguna utilidad, en la medida en que nos devuelve al camino correcto. Quizás nos haya ocupado demasiado tiempo, o nos haya hecho olvidar o no tener claro qué es exactamente lo correcto, las obligaciones que nos impone y cómo tenemos que llevarlas a cabo para poder pensar finalmente que ha valido la pena. Al respecto de la anotación de febrero de 2006 (Deception) se me pierde buena parte de la paradoja, porque ésta debe ir ligada a una particular emoción o estado de ánimo. Sé, no obstante, a qué estaba obligado, a lo mismo que estoy ahora, manteniendo las mismas dudas. Atisbar en letras pasadas y muertas el esquema de una emoción, la forma de un estado de ánimo que debía suscitarse por tales o cuáles circunstancias, no me soluciona nada, sólo me hace más difícil entenderme y considerar la validez -o no- de los caminos que terminan internándose en el bosque y perdiéndose en él, por así decirlo.

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Manuel Castells, Observatorio global, Ediciones La vanguardia:

No podemos vencer la tentación de creer que los sabios también se equivocan y que pueden ser injustos en sus apreciaciones. Acerca de la valoración de las diversas formas de nacionalismo, ésa es la impresión que me queda de la lectura de ciertos artículos que se recogen en la recopilación. Desde esta provincia del sur es muy difícil encontrar ese espantajo del nacionalismo español que se denuncia, y sí el dolor que producen esas identidades que se sienten o no se sienten (según Castells), como el amor, digo yo. Pero el amor no debe nacer para dañar.

25 de febrero de 2007

Deception

Escrituras privadas, pasadas, sin intención...

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Hay tardes de sufrimientos, suaves si no tenemos el valor, o la actitud renunciadora, del reconocimiento. Vivientes diarios -¡qué pocos días son!-, nos obligamos a la producción y el resultado, aunque actuemos con otros seres humanos -¿cómo no pensar que entonces la tristeza es mayor, que por eso mismo la ironía se aprecia?-, el lenguaje circula con naturalidad, gobernándose metafóricamente como un río que fluye -al que, desde el puente, estamos desatentos-, con esa espontaneidad inadvertida en la cual las vidas humanas cobran su gracia. Fortuna no quiere a veces esto para los sujetos en los que fija sus ojos: pretende cegarles, para que no diferencien un fracaso leve de toda aquella figura de actos y carácter que supondría un transcurso biográfico errado. ¿Quién puede saber del daño contenido en los gestos más acostumbrados, en el rostro ofrecido o el trato que se rehúsa o que suena falso? Nada nos asegura contra esta infamia que nos distrae de la obligación, de la obra: sin embargo, yo, la sensación de asco y de culpa por mis actos propios la tengo desde la infancia, como una pátina de la conciencia, producto de las pequeñas mentiras y delitos que quedaron impunes -Dios no me ha de castigar cuando ya he mendigado su perdón. Por eso, lo que digo esta tarde de mí no constituye un aparte, sino un paréntesis en el curso del deber: al modo de esas aclaraciones que aun se intercalan en el poema, comentándolo desde dentro (pero así tendría que sentirme un poeta infértil!). Me pregunto por qué tengo tanto miendo de recordar la pobreza -yo sí supe de su ignominia, del embrutecimiento que sólo vence la pureza de un corazón bueno: sólo tengo el torpe recurso de envolver en palabras un interior que ignoro-, inmerecida, aunque no éramos sólo nosotros. Años después, perdido el sentido que pude vivir, ávido, en el medio convencional de la edad de la vida, por captar una significación del tiempo, intuyo la generosidad que pueden tener las gentes humildes: sea la mía la de no querer saldar una deuda que amo, puesto que es todo lo que yo soy -individualidad forjada por otros.

6 de febrero de 2006

El lector de periódicos, II

(Reincidente)

¿Todavía? Por la tarde aún esperas unas migajas de la verdad, venidas desde arriba, desde el centro. ¿Por qué no se te ha de recompensar esa confianza que manifiestas?

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Babelia, 24 de febrero de 2007:

(Javier Aparicio Maydeu, "Alegoría de la creación"; a propósito de Paul Auster, Viajes por el Scriptorium)

No se manifiesta lo que a ti te parece esencial del asunto: porque no se trata del metá- de la ficción, un más allá o un juego, un rizar el rizo utra- o post-. Sino que tras la ficción no hay nada y el juego ocurre dentro de la misma identidad (autós). Es decir, la cuestión disputada acerca de sujeto y realidad, el cómo del ser en el mundo, la lengua que dice todo esto -o que lo calla y lo manifiesta con su silencio, si es muy hábil.

(Jorge Wagensberg: "El gozo intelectual y la tristeza del pensamiento")

De nuevo las dos culturas, las ciencias y las letras. La mentalidad ha renunciado a ser positivista para querer ser positiva, optimista. Steiner debe querer señalar -pienso- la pérdida definitiva de contenido humanista, la muerte de Dios y la filosofía, el fin del hombre. Para eso, la fe que promete la ciencia es gélida.

24 de febrero de 2007

Lector de periódicos

...entonces, ¿te has hecho enemigo de la verdad? Porque se sabe que desde el centro se pierde la mayor parte de la exactitud...

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Álvaro Delgado-Gal, "La furia de nuestros abuelos" (Dios y el diablo -la ciencia; el atrevimiento).

Eduardo Hojman, "El cristal con que se mire" (El arte como combinación otra, después de la pérdida de la ingenuidad en la representación de la realidad).

En www.abc.es/abcd/

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Podría ser que la realidad estuviera más acá de las representaciones mediáticas, académicas, artísticas; de las apariencias de juego o de retórica en torno a los grandes conceptos, explicativos, omnicomprensivos: Dios, los genes; la verdad, la invención. La palabra que dicen las gentes, cada día de nuestra era de masas hiperinformada, no queda lejos del verso que celebra el día, la congregación renovada de las cosas para los ojos que se abren. Unos zapatos abandonados, la luz que hiere por sorpresa, constituyen la misma voz del mundo, a la que tenemos que asistir modestamente.

Pero si este juego libre de la mente y de los conceptos, que va de la verdad-simulacro a la palabra del pueblo llano, cae en la trampa del espíritu popular de la nación, de la retórica -de nuevo- y de la demagogia, debo callarme.

La enajenación del personaje

La misma desazón para el intérprete de sueños y el intérprete de textos: objetos que prestan su resistencia a la comprensión. (En ese sentido, casi nada, impensables.) Ajeno, es de la raza del frío, y con esa condición sería capaz de contar. Cuando comprenden los ojos -no atentos, perdidos o como entregados al milagro de lo que ven-, es el poeta: si habla, la lengua es el poema, lo que ve: la elegancia distante de la joven que va a cerrar la tienda, las botas de altos y finos tacones. Eso no le tendría que decir nada (está acostumbrado, en las ciudades pequeñas). Sólo que al dar la vuelta a la manzana ve, en medio de la acera, un zapato de mujer abandonado, y entonces decide pensar en la muchacha, o ya lo había decidido antes.

De entre los muertos es el frío, el origen de la letra: según lo ha soñado recientemente. Él sabe cuál es su mal antiguo. Es la última máscara que se pone entre él y sí mismo, la verdad que no quiere.

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Una vez que se ha producido el encuentro entre lengua y mundo, pasar discretamente por el lado, dejarlos con sus amores, no mirar atrás. Como uno que vuelve al casa y acierta a ver a los amantes apoyándose en el coche: callemos.

23 de febrero de 2007

Sueño inquietante

Recuerda ahora que el hombre acompañaba a su hija pequeña, cogida de la mano, escaleras arriba. Al abrir la puerta, la suciedad de las paredes era repugnante, como de telarañas abigarradas, negruzcas. Tenía que inspeccionar el lugar, una especie de asilo al que debía traer a una mujer mayor. Venciendo el asco, pasó a una de las dos naves en que parecía dividirse la casa, a la derecha, en un plano algo inferior. Una mujer más joven le recibió, dándole la razón en lo que había sido su primera apreciación del lugar, y que por eso las personas allí destinadas debían ser mantenidas en la ignorancia del estado de la vivienda. Realmente, nadie podía querer ir allí por su propia iniciativa. Él, por su parte, tendría un poco más adelante la posibilidad de escribir. La mujer le señalaba la cama como el lugar que podía destinar a ese fin. Asociando ideas, él pensó que todavía era joven y se permitió hacerse ilusiones. Salió, al cabo, por un lugar diferente del que había entrado, no por la puerta que estaba en la pared medianera, sino por la pared del fondo. Bajó primero, luego le pareció subir, hasta que salió a la puerta de entrada de la calle, acompañado de la niña, a lo que parecía ser una galería apuntalada por troncos recios que, sin embargo, no parecían lo más adecuado para soportar el peso de los muros gruesos y blancos. ¿De dónde salía toda aquella gente que vio? La escalera metálica, de fortja de mala calidad, bajaba a la calle. Se dividía en dos sentidos; o mejor -eso lo recuerda-, una barandilla de separación encauzaba a los que bajaban, por una parte, y a las gentes que iban subiendo, por otra. La hija saludó a una de las mujeres que subían, a voces y por su mote, con una confianza impropia de su poca edad. La otra debió responderla más o menos en el mismo tono, como quitándole importancia a la cosa. La inquietud debió venirle a él al despertar, al acordarse de que aquella mujer había fallecido hacía poco tiempo, que a él se le había invitado -junto con otras personas- a conocer y salir de la casa de los muertos. Así que se puso a dudar de para qué debería escribir allí dentro o enamorarse de la extraña mujer, y también pensó en lo extraño del desparpajo de los niños, hablando a la cara a la muerte.

22 de febrero de 2007

Ansiedad

Dispersa la letra, dispersa la vida. Me sucede ahora no entender demasiado las cosas, o no querer intereresarme en entenderlas. O más bien querría pensar que así debe ser, que no debería preocuparme excesivamente. Eso no sirve, la cabeza funciona sola, entonces es cuando peor funciona: fuera de límites, autónoma, vuelta inconvenientemente sobre sí. La mente que se alimenta de sus ideas no es una buena mente, se obsesiona y no vive. No vive la persona, la sustancia entera de lo que somos: un espíritu y un cuerpo para los que existe el frío y el miedo. ¿Miedo a qué? Miedo genérico, prestigioso y social; miedo particular, enfermizo y cobarde. Viene solo y no quiere que se le establezcan límites, se adueña, habla él y a nosotros nos manda guardar silencio: el miedo es la misma lengua que se desata, deshace el nudo que la une a nosotros, que nos imaginábamos ser sus dueños, igual que nos queremos imaginar libres por entero y decidir sobre nuestras vidas. No decidimos sobre ellas, sino que estamos sobre ellas, sin saber por qué, agradecidos o miedosos, como ahora.

Desearías que ese estado insano se convirtiera de repente en alegría, que el dolor diera fruto en palabras; que el aislamiento de los otros pudiera resolverse en calor: igual que ese milagro que se imagina uno en la vida de Spinoza.

21 de febrero de 2007

Consignas

Febrero que se va yendo, tiempo raro.

Lecturas dispersas, más o menos obligadas, vocacionales, enteramente libres... Un autoficcionador no debería estar obligado a leer sino a vivir. Pero, por lo menos, deberá dejar consignadas sus inacciones.

Siempre acabamos sospechando de los sabios. Así nos pasa con la recopilación de artículos de Manuel Castells que, con el título de Observatorio global, publica Ediciones La vanguardia. Voy leyendo salteado, según mis gustos y mis necesidades del momento. Eché de menos la valoración de la investigación básica en un artículo que vinculaba el conocimiento tecnocientífico a las posibilidades de crecimiento de la economía. Fallo mío de lectura u omisión de don Manuel: en otro artículo aparece reivindicado el papel de la ciencia más especulativa y libre, aunque con la sombra añadida de que también ahí se piden cuentas de resultados. Reconozco una descripción de las ciudades modernas, complejizadas a través de la economía de la información, de las telecomunicaciones y de las facilidades del transporte; lo que tienen de alienante -vieja palabra-, destructoras de sentido y relaciones, el anhelo subsiguiente de formas de identidad cálidas, locales y localizadas. Pero no lo puedo seguir en su apreciación del nacionalismo: positivo donde ya sabemos, negativo si nos recuerda la España tridentina. Lo que ocurre es que este espantajo ya no existe, y no quiero pensar en la figura del sabio sociólogo como en una de esas venerables figuras del pasado que también se equivocaron.

Cuánto más próximos, en el fondo, los del 98, el dolor por España (no lo dudemos) que se les transforma en la tentación del elitismo, del desprecio al pueblo identificado con la masa y con el mal. Pesa mucho más la retirada de lo público, la desgana y hasta el horror que las ansias regeneracionistas. Poco duraron los intelectuales en la escena política. Lo de ahora es otra cosa. (Seguiremos -en la lectura, espero- con las dos Españas de Santos Juliá.)

Una curiosidad: el fascismo rumano, al que dedicó su tesis Francisco Veiga, profesor de la Autónoma de Barcelona, en la figura de Codreanu y la Guardia de Hierro. Una historia realmente criminal, de salvajes comportamientos, fanáticos, absurdamente cristianos, antisemitas, místicos y homicidas. Sólo que la disparatada figura de Codreanu (y de otros legionarios) se pierde entre el contexto de una historia política rumana no menos desquiciada. ¿Hubo alguna vez progreso?

Por encima de la vida y la enfermedad, de la sociedad y del narcisismo, la palabra del Narrador: Víctor Gómez Pin, El hombre, un animal singular (lectura pendiente). La palabra crea riqueza, novedad, traspasa límites, abre.

20 de febrero de 2007

Amor patológico

(Leer despacio: a propósito de Manuel Castells, Observatorio global)

No olvida Manuel Castells la investigación básica, lo que tiene de juego especulativo, que no debe -en principio- rendir cuentas. Aunque sí al final, y no se ve claro de qué manera puede actuar el investigador libre que ha de ser evaluado -según sus resultados, según sus méritos. La teoría ha de quedar liberada en todo momento de la economía. Pero ésta es la opinión del filósofo. Desde Platón, si embargo, los filósofos están a sueldo, tienen que escribir, dar cuenta de sus hechos (¿dar razón?).

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El amor patológico kantiano equivale a la pasión ciega, esa inclinación invencible que no atiende a razones. Acaba mal. Por otra parte, la igualación de la caridad con el respeto que se le debe a la dignidad personal de los otros señala dos cosas: la sequedad del protestantismo, y la de la ciudad moderna. Ese amor ético no es más que la cortesía con los desconocidos, la tolerancia hacia los otros votantes (la ciudad representa un cuerpo de electores). Difícilmente la philía de las pequeñas urbes podría reconocerse ahí.

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Te aconsejan que dejes la lectura, que hables. Quizás llevan razón. El mundo se te convierte en historia -en relato, en letra-, y si es literaria mejor. Se contempla la vida en la autoficción, territorio mixto: un sujeto con su mundo, sin atreverse a contar la verdad ni a decir su nombre. ¿Lo tiene? ¿Es suyo?

19 de febrero de 2007

Transfiguraciones

De una noche, como de la memoria sin fondo, surgió, hermoso fantasma. Tuvo que recordarlo, en los pasillos helados, distante de él, próximo al misterio.

Sobre matrices de imágenes no se erigen más que edificios de errores. Debemos, por lo tanto, odiar la verdad: vuelta la mente a la imagen remota, en todos y cada uno de los puntos en que es inadecuada a la verdad.

Manuel Castells, ¿ingenieros o antropólogos?

http://icantropologia.org/contenido/uploads/Ingenieros_o_antrop%C3%B3logos.pdf

También en Manuel Castells, Observatorio global, Eds. La vanguardia; una recopilación muy interesante de sus artículos en el diario barcelonés.

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En los dos casos se trata de la ciencia puesta al servicio de la creación de valor añadido. Se da por supuesto que el saber básico debe estar ya ahí, dado, impuesto, y el lector no puede evitar pensar en las vueltas y revueltas que da el positivismo, aunque sea en el principio del siglo XXI. Ni evitar la tentación de que se le está incitando a creer que las ciencias sociales están para adorno de las estructuras que levantan los ingenieros. Éstos son los que manejan el trato fuerte con el espacio geográfico, la información que levanta ciudades y edificios. Pero la información también funciona por sectores y alguien debe estar dispuesto a poner en marcha el discurso que haga circular los sentidos, las significaciones, los trabajos y la vida. Ahí están los antropólogos.

Porque ya ha quedado el progreso como sinónimo de movimiento continuado, sin tener nada que mirar. Sólo rezar para que siga. La filosofía, en ningún sitio. No crea valor.

18 de febrero de 2007

Qué se gana?

¿Qué se gana con relacionar hechos e ideas -la historia, la filosofía? Se produce un discurso, que es como decir un juego de la razón que se entretiene en imaginar una historia posible, una manera menos abstracta del pensamiento...

Se debe imaginar que ha surgido algo así como la opinión pública: gracias a la movilidad social y a la extensión de los beneficios educativos. En la era pre-burguesa querríamos imaginar una filosofía de la historia idéntica con la teología (una teodicea), o meramente una filosofía autónoma aunque infructífera...

Sí, pero personalmente, ¿qué se gana?

Eticidad

"No hay mal que por bien no venga". Es brutal el refranero. Pero no se trata de encontrar el bien en el mal, de escamotearlo y tragarse la injusticia. Ningún mal es un bien. De lo que se trata es de seguir: entiendo que esa es la marca de la buena voluntad kantiana, que sigue adelante pese a todos los fracasos que la inclinan por lo contrario. Esto es, que se debe buscar la mayor pureza -perfección, santidad- donde menos se la espera. En esto debe inspirarse toda buena autobiografía: en el relato de la superación, como una travesía que vence el espacio y el tiempo.

¿Es tan diferente la moral kantiana de la moral del refranero?

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Resulta demasiado fácil asimilar los fallos de la fundamentación filosófica última, en cualquiera de los sistemas modernos de ética, a las dificultades conocidas de los intelectuales a la hora de afrontar los retos sociales, bien poniéndose en cabeza, bien retirándose a cualquier torre de marfil académica o mundana. Por lo que sé, esta continua crisis afecta a los escritores públicos (los intelectuales) españoles desde el siglo XIX (¿el siglo pasado?). Pero los mismos intelectuales no resultan satisfactorios, a veces, cuando tienen que argumentar la significación de la crisis, demasiado retóricos o demasiado ceñidos al tiempo (las modas).

Tengo claro que en esta fácil asimilación hay alguna trampa. Porque referirse a las dificultades de una razón que se empeña, humanamente, en ordenar las cosas, nos tendría que llevar demasiado atrás en el tiempo y en los conceptos.

17 de febrero de 2007

Ciudades

Murcia, 17 de febrero de 2007

Marc Augé: los no-lugares representan espacios de tránsito, comercio, compra... se ve la gente, pero sin identidad, relación ni memoria que los saque del anonimato... Cuando estás sentado, tomando un café, cualquiera de los que pasan, de los que desconoces todo, forman parte de la misma masa que tú, porque el privilegio no existe en ningún sitio, sólo una masa que se desplaza, compra, consume: válida para todos los referenda convocables.

Se tiene uno en muy poco cuando se conforma en mesones de trato degradante, soportando el incordio continuado de la música machacona, unos pegados a los otros, sin poder dejar para la intimidad el hecho vergonzoso de la comida... No es cierto, no es un hecho vergonzoso, pero tampoco es normal la comida masiva y de mala calidad, aguantando el ruido y todo lo que haga falta. Una ciudad es un lugar preferente (identidad, relaciones, memoria...), aunque nos tengamos que limitar -algunos, a veces- a conocerla en sus zonas menos favorables, más frías y mortales (en el fondo). Con la compra se experimenta un placer y una tranquilidad de espíritu (no sólo los sentidos, también el alma) que no debe indicar nada bueno. Yo me voy de allí con un libro de artículos de Manuel Castells en La vanguardia, Los autonautas en la cosmopista de J. Cortázar, una historia del nazismo por Ferrán Gallego y una colección de ensayos, en parte autobiográficos, de J. Brodsky. No sé si alguna de estas historias tienen buen final, si se puede extraer de alguna manera de la lectura (si yo soy capaz), si tiene sentido la lectura como forma actual-futura de conservación y progresión del saber.

Lo único verdadero es que los días pasan.

16 de febrero de 2007

Notas de lectura

S. Juliá, Historias de las dos Españas.

En torno a la construcción social, europea y española, de la figura del intelectual:

a) Una primera fase de identificación con y práctica indistición del escritor público con respecto al pueblo; o con el mito del pueblo que ha resarcirse de las esclavitudes impuestas a lo largo de la historia (como en el cuadro de la libertad que guía al pueblo, el escritor en cabeza).

b) Una segunda fase de decepción de la política, conforme va avanzando el XIX y con él los enfrentamientos civiles: el escritor, que se acaba definiendo como intelectual, reserva su libertad para quedarse al margen de la política, y de los extremos que desprecia en la política: la masa ignorante y el político rapaz.

¿No consiste en esto el fracaso de la ética moderna? (La libertad soñada y total versus la real burocracia (A. MacIntyre, Tras la virtud). ¿Qué ha sucedido? Deben haber caído los mitos políticos de la nación (S. Juliá), los mitos teológico-teleológicos (si nos vamos al campo filosófico, a esa utopía de razón autónoma que nace en la era moderna).

¿Qué hacer? Recuperar los lugares amenos, la vida apartada, la torre de marfil o la bohemia (retiros urbanos)... Porque políticamente el lenguaje revela una falsedad completa, también la prensa libre.

Identidad

No eres igual por la mañana, por la tarde y por la noche. Durante la noche tienes miedo, aunque ya empieces por la tarde.

Lo desengañaron, a lo largo del día, muy diversos personajes. Tenía la costumbre, me acuerdo, de guardar notas manuscritas entre las páginas de los libros. a veces se encuentran. Pero no le cuadra eso ahora: queriendo imaginarse como un hombre liberal y maduro que pasea.

***

"(Paisaje)

Esparcen su luz dorada las retamas en la ladera, a trechos de verde en sombra. Limita el sol sus derechos (entre viento y nubes), innecesario hoy, en el espacio (...)", 13 de junio de 2005.

***

¿Han pasado tantas cosas desde entonces? Aunque haya pasado tanto tiempo...

Ajeno a casi todo, se puede hablar de esto y de lo otro, dejar que las voces fluyan, que discurran. Dos vidas, dos ríos: yo, lo que escribo. Escribir, para no pensar, y olvidar de una cierta manera: un yo concentrado en lo que hace, volcado, sin vueltas enfermizas sobre sí.

15 de febrero de 2007

Conmemoraciones

Autobiografismos: tropismos de la conciencia y de la edad.

A lo que conduce la lectura de viejos libros (Alasdair MacIntyre, Tras la virtud): Las diversas formas del proyecto ilustrado de constitución de una moral autónoma fracasan una tras otra, dialécticamente empantanadas en su interior (contradiciéndose constantemente: pues no puede haber un fundamento pasional de la moral sin un criterio racional de apoyo; o la razón formalista kantiana se presta a la universalización de lo inmoral, etc.); viviendo, en lo exterior (digámoslo así), de los errores rivales. El terreno queda preparado para modos intuicionistas o directamente irracionales de moral, para quebrar cualquier vínculo posible entre hechos y valores, entre ciencia y moral, pero también entre ética y política (pues ésta ha de consistir en los hechos, nada más que hechos). Etc. Desde el lado del individuo conoce uno, de nuevo (¿cuándo lo supo por vez primera?), que pueden coexistir la autonomía normativa (se es ajeno a la tradición, aunque la condición sea fantasmal -de vida en ciudades pesadillescas) con toda clase de requerimientos burocráticos.

Las autoridades educativas andaluzas deciden conmemorar el 80 aniversario de la constitución del Grupo poético del 27. Por conmemorar que no quede. Decisión de tan alto calado para el progreso educativo y la reproducción no meramente mecánica de las sociedades o los pueblos, sino directamente maravillosa, ribeteada de utópicos arcoirisados, etc., debe quedar consignada (cortesía, mas valor) en el Boletín Oficial correspondiente, para aplicación inmediata docente, por mor de una esperanza poética. Sea.

***

(Pedro Salinas,Presagios)

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
-soñaba altos muros
guardándote el alma-
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.

***

Ahora yo me pregunto qué tienen de común el lenguaje administrativo, tan frío como el gris, con esta declaración poética de cobardía y desaprovechamiento de la vida:

Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.