El hombre jamás ha amado al género humano en conjunto, razas, religiones y culturas, sino tan sólo a quienes reconoce como suyos, los de su clan, por vasto que éste sea. Al resto sólo lo tolera porque lo han forzado a ello, y cuando el daño está hecho, sólo le queda desagregarse. En aquella guerra extraña que se anunciaba, quienes más se amaban triunfarían. (J. R.)
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