Dos razones de la escasa influencia de la filosofía en las sociedades "de nuestro tiempo":
1. La irresponsabilidad y banalidad ciudadana que no atiende los consejos de los sabios, que no les deja gobernar y prefiere dejarse engatusar por demagogos. Tal sucede cuando se desobedece a expertos navegantes o a los médicos.
2. La dificultad de que surjan tales sabios cuando las condiciones no son las adecuadas para que los que tienen potencial puedan desarrollarlo, y cuando el modelo de educación es la sofística, que hace irrisión de lo verdadero, bello y bueno. De tales personajes, y de que las naturalezas dotadas para la filosofía no se cultiven en la forma debida, solo perjuicios pueden venirle a la comunidad (si son torpes deseos y pasiones los que imperan en sus almas). Al verdadero filósofo solo le cabe, al cabo, el retiro en soledad. (Vid. EdRP, pp. 75 ss)
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