Seguimos:
El ideal del gobernante se acuña en el círculo socrático. Solamente aquellos dedicados al desempeño de las labores intelectuales más altas poseen la capacidad para conducir a los hombres, y su libertad, hacia el orden necesario y divino. (MCH, p. 145)
Digamos nosotros que gobernar es pastorear, de ahí la urgencia del perro.
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