Entiéndese por demagogia no sola, ni primariamente, el halago del pueblo hecho desde la élite gobernante, con el fin de conseguir su aprobación mediante la corroboración de sus insanas pasiones o las dádivas en contante y sonante metal.
Demagogia, ante todo, es conducción acéfala del demos de los asuntos del estado*, cuando carece de ilustración y principios para hacerlo.
En este mutuo y sinérgico mentir nadie se engaña, y pocos advierten la renuncia al inlelecto y su independencia. ¿Que rol le queda al sabio en el teatro político? Hará mutis y se buscará una isla adecuada al solitario.
*El demos se muestra malévolamente activo, engreído en sus pasiones, incapaz de imparcialidad en sus juicios y fascinado únicamente por aquellos que las hinchan.
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