(De Arendt y sus amanuenses parvenus) La verdad apodíctica es enemiga de la democracia (a la inversa también, claro, y esencialmente), pero la democracia necesita de verdades fácticas circulando por el común y sus cámaras...
Las venerables verdades de razón y de hecho en escena, corroborando la disposición pasional y contingente del espacio público democrático.
¿Qué de lejos queda lo contingente de su vera necesidad?
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