10 de febrero de 2026

Averroísmos, ficciones

 Cabe una lectura en la clave de una apologética del discurso veraz, con el punto de mira puesto en una ciudad ajena a las manipulaciones del lenguaje. 

En ese horizonte a los poetas les corresponde el destierro, como individuos mendaces y venales, insidiosa carcoma en la nave del estado. 

Carentes del logos apodíctico que se presume como parte esencialísima de la valía del regente, ofrecen en el mercado de la ciudad doliente la moneda falsa de sus palabras. 

Tanto le valdría al estado disolverse, invadido por tribus bárbaras que nadie entiende y a las que se espera con temor. 

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