Las mitologías patrias (ejemplo eminente, las deportivas) están plagadas de sesgos que no dejan ver el bosque.
(Así: me voy al partido contra Paraguay, en 2010. O, al otro lado, a la acción que da inicio al gol de los goles de Maradona en 1986.)
Así entrenemos el tiempo, sabedores de que como sostiene Platón, la inmortalidad pertenece a la sucesión de las generaciones.
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