29 de noviembre de 2006

Obstinación

Anoche pensaba en tres fases, en el orden que se debe depositar en la vida y en la reflexión, y que siempre debe ser limitado, personal: la experiencia propia, la explicación de esa experiencia y -descanso- la interpretación objetiva de los hechos sociales (la otra experiencia, conocida y escrita por otros). Una clasificación así, de intereses y de tiempo, carece de todos los requisitos del rigor: compartida y comprensible como es, no obstante, sirve a la presencia nueva -electrónica; dentro de unos moldes que ni la esperaban ni se esperaba-, al vigor de una historia centrada en el valor humanista de la educación, en los límites letrados (literarios, lectores) de cualquier imagen del progreso. Sin fe y casi sin esperanza: manteniendo este mismo mensaje como una contraseña.

1 comentario:

conde-duque dijo...

Los límites del conocimiento están ahí (como en Kant, la experiencia).
Es absurdo pretender ser Dios. Esa "mirada omnímoda" es imposible (también desde el punto de vista lógico, contradicción en los términos). Otra vez la cuestión -inevitable, irresoluble- del relativismo. ¿Es cosa, al fin, de "decisión" personal?
(La mónada leibniziana, un punto de vista sobre el universo. Perspectivismo de Ortega, ensayista "brillante y aparente".)
"Sin fe ni esperanza". Peor sería la caridad con uno mismo, y a eso estamos condenados, según parece.
PD: si se cansa o le aburren mis comentarios, ruego me lo comunique. No quisiera molestar.