***
Blogger me avisa de que las leyes europeas, Dios las bendiga, me obligan a que avise a mis improbables visitantes y/o lectores de que mi blog usa cookies, pero a mí su aviso, incompetencia mía, seguro, no se me pone en la cabecera
Es notorio que los libros perdidos contienen la verdad desconocida. Da igual que esos libros se hubieran leído porque la verdad no es nada sin su soporte material.
- ¿Herramientas? ¿Qué saben de herramientas estos charlistas sofisteros? (Con menos salero, eso sí, que los que anegaban las plazas antiguas.) Nada más material que las herramientas del taller mecánico, bien lo sé. Tratar de herramientas en abstracto solo les está permitido a los pocos genios impares. Lo demás, lo de ahora, es palabrerío hueco, coberturas de la nada.
La memoria afectiva del calendario de Explosivos (sobre un libro de S. Amón, 1984) http://www.santiagoamon.net/contenido.htm
No es un libro, pero lo merece, y su lectura enaltece: Protocolo general de actuación en el ámbito educativo andaluz no universitario ante olas de calor o altas temperaturas excepcionales. A Honorato le habría gustado, seguramente.
Pues lo peor de cómo el Estado puede degenerar en algo peor que una Mafia no es ni lo de Duato ni lo de don Ildefonso, sino lo de una niña de 11 años violada por una manada de adolescentes. El vídeo de la violación que hicieron los jóvenes circuló por las redes sociales durante meses. Finalmente, se tienen que ir de Badalona. No los violadores, sino la familia de la chica ante el acoso al que se está siendo sometida. Dado que los menores son inimputables, no hay nada que pueda hacer la policía, los fiscales, los jueces, nadie. El Estado, de rodillas ante los Corleone de Badalona, indiferente ante el sufrimiento de la niña violada, la familia humillada, el pueblo entero inerme. (S. Navajas, en Ld)
Te informan de lo que no quieres saber, te sugieren preguntas que no te haces, te invitan a donde no te interesa ir.
Investigadores de la Univ. de Estocolmo Norte descubren un asunto sobre el que Niño Becerra no ha emitido una una opinión o efectuado una previsión.
¿Para qué leer? ¿Qué es lo que se obtiene al cabo del día? Digo leer intransitivamente, porque de la lectura finalista sabemos los réditos.
(Imaginamos a alguien, nuestro otro uno, hace cien años o más, de reseñista en publicaciones de pueblo, de escasas tirada o duración. Oscuro objeto posible de pesquisas futuras sobre el pasado anónimo.)
Se queda con dos ideas, imposibles y contradictorias:
a) el universo puede superar una masa crítica y seguir expandiéndose
b) el universo -ha podido, podrá- puede mantenerse estable
(De la equidad) La decisión está en sí aceptamos estas culpabilidades y responsabilidades expandidas, o si por el contrario nos tomamos en serio las libertades adquiridas, sin adanismos.
Si lo no nombrado no existe, según el orden y la orden del día, entonces basta el silencio para ocultar las historias. Lo cual reaulta muy conveniente, a efectos totalitaristas. Pero esto, la creencia mágica en la nominación, o en su ausencia, contraviene los dicta de Parménides, que en este asunto del ser omiten el lenguaje.
Sale del gabinete, porque los libros están dispersos, y Biblioteca es una idea neoplatónica. Sin valor para la cazalla, subraya con apremio libros leídos, frente al parque.
(Calla la mitad, porque a él no le gusta completar las cosas. Así están, intermedias entre ser y nada.)
He aquí una cita de Gilbert K. Chesterton: «Los poetas no enloquecen, pero los jugadores de ajedrez sí. Los matemáticos se vuelven locos, y los cajeros, pero los artistas creativos no suelen hacerlo. No estoy atacando la lógica: solo digo que este peligro yace en la lógica, no en la imaginación». (Foster Wallace)
Continúa F. W.:
Pero Chesterton se equivocaba respecto a una cosa. O era por lo menos impreciso. El peligro que intentaba concretar no es la lógica. La lógica es solo un método, y los métodos no pueden desquiciar a las personas. De lo que en realidad intenta hablar Chesterton es de una de las principales características de la lógica, y de las matemáticas. Su cualidad de abstractas. La abstracción.
No sé si tendrán mucho en común las experiencias particulares de un artillero austriavo que lee la Biblia y a Dostoievski y la de un abogado de Nueva Inglaterra que comenta lírica ente las cartas de un soldado francés.
Están del lado del espíritu que triunfa: leyes y máquinas.
Pertenecen a la misma experiencia de época, y a la misma categoría postaristot~lica emergente, la de la posibilidad radicalizada en la guerra.
(Negación)
... el poema habla de la ceguera e impotencia del dios, y nosotros somos apenas un surco que desaparece de la materia que modela.
-Ni siquiera un dios.
Entiendo que W. S. responde a lo que dice la carta de un soldado, negando todo sentido: no es que el dios sacrifique los medios al fin, sino que es inepto e incapaz, o simplemente se entretiene.
Entre risas, sombras y cerezos tardíos,
Compone el hombre una figura para el olvido,
Exenta de la moral y de la historia.
El hombre andaluz no es un hombre coherente. Es un hombre anárquico. Es, generalmente, un hombre poco hecho. Un hombre que hace cientos (sic) de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. E introduciría su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir, su falta de mentalidad. (J. Pujol, 1976, vía El Debate)
J. P., seguramente un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo... con menos gracia, eso sí. Aunque me reconozco, poco andalucista que sea uno, aun morando en C. la llana, en muchos de los trazos del estereotipo.
Ńsima vez Asesinato en el Orient Express, con D. Suchet. Tb. está la dirigida por S. Lumet por ahí.
Más allá de toda duda, de F. Lang. Película de tesis sobre la pena capital. A partir de un disparate consistente en jugar con fuego
Anotar versiones fílmicas de Simenon (Maigret y más).
Llega el calor. Leo algo, veo películas (con lo que me gustaba eso, ¿diez años fueron?), vivo. Estoy cansado.
Un objeto no es su nombre, su ser mostrenco. Está en algún recodo de la memoria propia, que dábamos por olvidado. Parte de nosotros que es, nos desespera cuando lo convocamos y no aparece. De entre los objetos, ninguno tan nuestro como un libro. Dice de lo que fuimos, y en ese decir seguro que hay algo que permanece a pesar de las mudanzas del tiempo. Incluso cuando no somos.
He hecho fotos, casi todas muy malas. Aunque puede que eso no sea un obstáculo. Pero tampoco tiene gracia hacer fotos con un móvil. Falta de aura, de mérito, de riesgo.
Caro Baroja, Luciano... He olvidado la colocación de los libros en las estanterías, o sea la imagen mental general. Decadencia.
Un día en el campo. Preocupaciones y recuerdos. Lamento, otro proyecto que no llevaré a cabo, no haberme asociado con un conocido para la tarea de recordar, precisamente, un cierto modo de vida. Ahora es tejer en el vacío, o mirar las piedras y los árboles, a ver qué es lo que dicen. Me encuentro un libro de JCB, Temas castizos.