Dos horas de conducción, en un trayecto casi atemporal entre Guadix y Berja, por una de las carreteras más fascinantes de Europa, a través de Sierra Nevada. Nunca había pasado por el Puerto de la Ragua, que yo me recuerde. Siento miedo, pánico, náuseas y vértigo. Virgencita que salga de ésta, el ESP que me dice el ordenador del coche que funciona defectuosamente, y sólo sé que es algo de los frenos (aparte de que no sé nada (Sócrates), y que nada se sabe (Sánchez)), la nieve que está cayendo ahora en abril, a 2000 ms. sobre el nivel del mar, que quizás sean seis mil pies sobre la humanidad en Sils Maria, dos vacas pastando en el asfalto, piedras desprendidas de los taludes del margen y el sol por ninguna parte. Me llego, antes de nada, hasta La Calahorra y hago la consiguiente foto del castillo Blogger me avisa de que las leyes europeas, Dios las bendiga, me obligan a que avise a mis improbables visitantes y/o lectores de que mi blog usa cookies, pero a mí su aviso, incompetencia mía, seguro, no se me pone en la cabecera
7 de abril de 2012
Días sin sol
Dos horas de conducción, en un trayecto casi atemporal entre Guadix y Berja, por una de las carreteras más fascinantes de Europa, a través de Sierra Nevada. Nunca había pasado por el Puerto de la Ragua, que yo me recuerde. Siento miedo, pánico, náuseas y vértigo. Virgencita que salga de ésta, el ESP que me dice el ordenador del coche que funciona defectuosamente, y sólo sé que es algo de los frenos (aparte de que no sé nada (Sócrates), y que nada se sabe (Sánchez)), la nieve que está cayendo ahora en abril, a 2000 ms. sobre el nivel del mar, que quizás sean seis mil pies sobre la humanidad en Sils Maria, dos vacas pastando en el asfalto, piedras desprendidas de los taludes del margen y el sol por ninguna parte. Me llego, antes de nada, hasta La Calahorra y hago la consiguiente foto del castillo
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