Huye, tú,
el que vas conmigo,
fundamentalmente huye
de todo lo que no sea
este tu presente eterno,
el del sol que abrasa
y esta luz,
el de los mares presentidos,
las cigarras aquí afuera.
Escapa de quien
te vende una sombra,
celoso de tus
pocas alegrías,
ávido de tus
malas nuevas.
Escapa sin darle
importancia:
no eres un fugitivo
importante.
Haz caso
a quienes te dicen
que hagas públicas
estas hojas volanderas,
antes de que sea
demasiado tarde,
y no te impulse
la fuerza de este
calor que arrasa,
y de tu soberana
soledad. Tú,
mi amigo, mi yo.
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