24 de julio de 2010

El árbol aquel

Hay un embrujo del lenguaje que no sucede en sus caminos extraordinarios (literarios, filosóficos, científicos; por seguir el orden evolutivo y progresivo del conocimiento humano), sino que nos alcanza en sus usos más modestos y de diario. No estamos vestidos de domingo y, sin embargo, nos comportamos igual que el ratón delante de los ojos de la serpiente. Bastaría con no mirar, o con no hablar.

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