(Elytis, 1959)
¡ESTE
mundo, el pequeño, el grande!
***
Un recuerdo: un olor en el vestíbulo de la Facultad, en otoño de 1984. ¿Ahí todo? ¿Tus pérdidas y desencuentros?
Pienso en la posibilidad de tirar de ese hilo: imaginando si algo tan nimio como un olor, entonces, y recordado, esta tarde mientras me dormía en el sofá de la casa de campo- si algo tan poco como la impresión de un olor de hace casi treinta años contiene, de alguna manera, la realidad de lo que vas a ser porque ya lo eres, en ese mismo momento de hace casi treinta años, y sobre todo la realidad de tu incompatibilidad relativa con el resto de los seres. Milagro es que no te salgas de los márgenes... de la sociedad. Alguna vez has estado a punto... Acompañado de ese olor, en el vestíbulo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Univ. de G., me compré un día El crepúsculo de los ídolos, de Nietzsche, en el kiosko que había justo al entrar. Y no se refería el libro a mí (a mis creencias dolientes) ni a Alberto Contador (los pollos clembuterados; la presunción de culpabilidad; la rapidez de los amigos franceses). Contaba algo de la decadencia de Occidente. O sea, la caída del ocaso, la noche, la negrura... antes del mundo, éste, el pequeño, el grande.

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