Nos distinguimos los españoles entre los que amamos Lisboa, y por extensión a Portugal, y los que aún no se han dado cuenta.
(Luego está la andanada nuestra de cada día versus los boomers, esos malvados que se sientan al sol en los parques, oteando recuerdos de pasadas esperanzas. ¡Qué sencillo es plantearles a los necios una diana! Pavlovismo político. )
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