23 de enero de 2008

Tres anotaciones de ayer...

... sin pretensiones mayores:

1. Se conoce, al despertar, la obligación o la intención de continuar el hilo del sueño. Esto sucede justo al despertar: con claridad y alegría---

2. Recesión? Qué recesión? Me da bastante vergüenza confesar que nunca entendí casi nada de los movimientos y catástrofes económic@s. No he debido ser un alumno aplicado, o simplemente no estoy dotado para estas cosas: intereses, conceptos, razonamientos y modelos de la ciencia económica. Seguramente no se puede comprender nada si no se comprende esto, si no se conoce esta realidad básica de laa producción y distribución de recursos: quiero pensar en la posibilidad de un subtexto más o menos explicativo (biológico o sociológico) que (me) facilite las cosas.

De libro de Pichot sobre la relación entre biología y sociedad me quedo con el camino de vaivén entre las ideas sociales y políticas y la biología: así, la sociobiología representa una traslación (metáfora va!) de conceptos propios de las ciencias de la vida. Pero una traslación falsa, puesto que los conceptos (supuestos) de estas ciencias de la vida constituyen, a su turno, un trasvase de las ideas económicas, políticas y sociales (filosofía o ideología en sentido amplio; o cultura, o civilización) que estaban en circulación en la época de las Luces (es decir, hace miles de años mentales).
Así que mi subtexto filosófico-científico esclarecedor no llega a ningún sitio y me devuelve a los corrales de la economía, a la incomprensión (sustancia de mi persona)---

3. No resulta coherente pedirle a Dios que tengamos suerte con la lotería. Parece sacrilegio, y lo parece porque supone insertar la contradicción o el capricho en la mente de Dios, poner una cuña en su plan providente. Es lo que, más o menos, intento decir a este hombre, al que debo muchas cosas, pero que ayer no estuvo especialmente agradable. Quizás por mi torpeza. Y su egoísmo. pero le estoy agradecido: todos tenemos fallos. Yo el que más.

***

No doy abasto. Los Diarios de Carrión, magníficos. El hombre rebelde de Camus, magnífico. Un día más con vida de Kapuscinski, igual. ¿Qué voy a decir de Foucault, Las palabras y las cosas? Sólo me enfadan los sociólogos de la educación y los pedagogos (algunos de ellos, claro): hipócritas santurrones, malintencionados, amigos de fuegos ajenos, miserables---

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