5 de abril de 2012

Trascendental del Diario

La crónica de un triunfo, del triunfo de uno, no posee el menor interés, para otro. La crónica esclarecida del fracaso, sí. En más de un sentido. Como experiencia de la que conviene huir, más que del diablo. Pero también como aviso general, en cuanto signo de la condición humana. Si un ser común, un donnadie con el que te cruzas por la calle, se pusiera a relatar metódicamente la historia del colapso de sus empresas, se habría asegurado por esta misma razón la fidelidad de un público lector.

El idealismo literario triunfa porque hay molinos a los que embestir.

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