El cuerpo lo sostiene nada más que una débil llama. O quizás no lo sostiene, sino que consiste en eso. Una lamparilla temblorosa a merced de las corrientes que vienen desde cualquier punto del mundo. Entonces, ¿por qué tantos plazos y juegos? Se tiene que proceder según la seriedad vital que corresponde a un existir en precario. Sin avales o garantías de ningún tipo.
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