Supongo que debemos ocuparnos un tiempo excesivo con los chistes malos,
para que se nos conceda la perla de un sentido:
un significado y,
en el mejor de los casos,
una referencia,
a la que no estamos acostumbrados,
pues las cosas gustan de escabullirse y
de congregarse
con velos
en la asamblea nocturna
de las imágenes
del mundo de allá.
-Qué hace?
-Cazo referencias, señora-
dijo el bigotudo que no había asistido a las clases de filosofía analítica.
Me imagino que esto mismo es figura de otra realidad, que lo que se dice dice algo más o quiere emprender un viaje distinto,
y que convendría arrojar esta escalera,
y confiar solamente en nosotros mismos,
en esta rareza consentida,
en el verde abajo y el azul más distante,
que es aquello que no saben registrar en su cámara los turistas japoneses.
(Vid. los textos comentados de Platón, Ortega y Wittgenstein.)
***
Nos complace este suave hundimiento en el que solamente deseamos leer a John Ashbery... Pero confiamos en mañana.
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