Cualquier hombre es un exiliado, víctima de guerra, de hambre y de sus propios errores. El mar al que se arroja es misterioso pero mata (lo conocemos los del interior), y no queda, generalmente, testimonio de la destrucción ni del deseo que pone en marcha.
Lo que no han comprendido los viejos, tampoco lo han advertido los jóvenes.
-Come chocolatinas, niña, que no te será dado conocer metafísica más profunda.
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En ocasiones nos atrevemos a salir del nido, del secarral en el que malvivimos (el mundo es un imperio de hoteles coloniales y de playas solitarias en donde los jóvenes afortunados amanecen desnudos), y vamos trazando la línea de la costa (vid. W. G. Sebald), sin tiempo para anotar los detalles, los matices de color con que tiñen las flores el barranco de allí abajo, en un vuelo picado de los ojos---
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