¿Qué quería decir yo en las pp. 256-257 de mi archivo monstruoso, truncado?
Recordemos que el yo personaje no es el yo que existe, ni el yo que escribe. Roland Barthes se sitúa en la gradación autorreflexiva del lenguaje escrito (R. BARTHES, 1978: 73). Michel Foucault, en "¿Qué es un autor?" (1999b: 95-125), recoge también la pluralidad discursiva del pronombre de primera persona, como «escritor real», como «parlante ficticio» y como «autor» que se inserta en la distancia entre ambos, pues todos se revelan, finalmente, imaginarios, inexistentes.
Así, sabemos del poeta como fingidor de Fernando Pessoa, que oculta hasta lo real haciéndolo pasar por falso, en «Autopsicografía», poema de Fernando Pessoa ortónimo. Lo que finge el poeta es el dolor, y su duplicación en el poema es lo que busca el lector, pero se trata del dolor que él –qua lector capaz de simpatía- interpreta desde su distancia (V. TORTOSA, 1998: 496; 2001: 161-162).
Es un juego de equívocos del que también se encuentran testimonios excelentes en Jorge Luis Borges, en «Borges y yo» (1996a: 186), y en el relato «El otro», de El libro de arena (1996b: 11-16). No resulta fácil, para quien dice yo, atribuir las acciones, incluida la escritura («Borges y yo»; vid. J. Mª POZUELO YVANCOS, 1994: 237, y asimismo C. FERNÁNDEZ PRIETO, 2004: 19-20).
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