Dueño de mis errores y esclavo de mis aciertos. Por la voluntad he caído de Lo que era (Sustancia, Trascendencia); por la libertad soy hombre, no sabio reflexivo (Noesis Noeseos, motor inmóvil que desde la lejanía suscita un deseo). (Entre Pierre Aubenque y Descartes, vía Martin Heidegger. Eterno verano. Tú.)
Soltamos una barbaridad y nos quedamos en la misma gloria. La estación del desencanto ha propiciado (¿estaba este Proceso inscrito en el ADN?) esta rotunda posición de responsabilidad por nuestros actos.
Sucedió en tal año
o sucedió siempre:
una piel lechosa
transfigurada en sonrisa
entró por los poros
de la voluntad,
para quedarse
afirmando esta sinrazón
-querida-
de los días extraños.
Sucedió una vez
o sucedió siempre:
declinar turbiamente
gestos y miradas,
el rubor de una sangre
con el que enciendes la mía.
Yo, animal nocturno,
adicto a los viajes escritos,
guardián o ladrón del sueño,
pobre, ciudadano,
filohelíaco,
creyente en las cuatro raíces
del mundo:
desaparición, amor,
un hijo y el olvido
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