14 de marzo de 2011

Por dios, un desagradecido... Yo

De una forma absurda, como suceden las cosas que valen, en el año en que cumplí 44 hubo personas que me allanaron el camino. Bastantes más de las que yo me creía. En una verbena popular coincidí con quien yo no había buscado, y fui feliz, sorprendido de ser feliz. Una tarde/noche de pegada de carteles (luctuosos carteles, la verdad) vimos lo absurdo de la situación, y volví a ser feliz. Tampoco me lo esperaba. Los jóvenes no podéis evitar darle lecciones a los mayores. En un viaje absurdo, como sucede con los viajes que valen, di consejos sobre una materia que no conozco. Lo hice con ironía, con malicia y con cariño, y no me importó salir de día y llegar de noche, aplicando por mi cuenta el defecto de 110. Aquí no hay hesitación ninguna: me parecía insultante mi alegría. Fui feliz y lo soy al recordarlo. Los jóvenes conseguís pulsar teclas olvidadas. No me extrañaría encontraros algún día en lugares imposibles. Y si alguna vez os fallo, como tantas veces he hecho, dado mi natural estúpido, pensad que nunca lo hice sino por pensar que aunque errores, mis errores eran honestos. Me vais acostumbrando mal y os busco cada día, conociendo que nada mejor podría esperar. Vosotros quizás sí de mí, pero que por lo menos no cometa yo el vicio de no ser generoso y recogerlo aquí.

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Moltes gràcies por el disco de Tom Waits.