No es una carencia.
Es lo que es.
El cordobés no conoció la Política de Aristóteles, de ahí la cojera de su comentario a República, la limitación obligada a la parte teórica de la ciencia práctica.
Solo que el sistema de la virtud (parte teórica) es imprescindible para dar carne y materia a los formalismos modernos.
Virtudes sin experiencias históricas son vacías; la experiencia de la política sin virtud, ciega.
Mayor vaciedad que la del formalismo político moderno quizás no haya.
Ciertamente la concisión averroísta no llega a la altura de la pintura narrativa de la decadencia de los regímenes de República.
Tampoco sería la intención, sino la de exponer al público gobernante ilustrado el espejo de príncipes clásico.
El averroísmo político es un malentendido: una traslación práctica de la cuestión previa sobre fe y razón.
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