27 de julio de 2026

Hemerotecas, de la actualidad (sin acritud, de verdad)

 Poco después, hubo un partido en que la Selección Nacional se enfrentó a una pandilla de homicidas, de un país de escaso renombre –¿Argentina o algo así?–, que se presentaron a jugar con los zapatos acorazados de clavos y rodilleras y coderas que, en verdad, eran instrumentos para malherir al adversario. Sin atender a sus argumentos (por lo demás ciertos) de que en su país era costumbre jugar al fútbol así –¿cabeceándolo con la tortura y el crimen?–, Joaquín Hinostroza Bellmont los fue expulsando de la cancha, hasta que el equipo peruano ganó técnicamente por falta de competidores. El árbitro, por supuesto, salió en hombros de la multitud y Sarita Huanca Salaverría, cuando estuvieron solos, –¿arranque de peruanidad? ¿sensiblería deportiva?– le echó los brazos al cuello y lo besó. (M. V.-Ll., La tía Julia y el escribidor)

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