Vía Mistral:
Soneto a la virtud aristotélica
En el justo medio halló su esencia el sabio,
no en el exceso ni en la carencia fría,
sino en el acto que el alma ennoblecía
con el hábito constante y el paso seguro.
No es don del cielo ni azar de un mundo oscuro,
mas frutos son de la razón que cada día
teje con prudencia su propia armonía,
como el artista que pule el mármol puro.
La templanza es luz, la fortaleza es fuego,
la justicia, el compás de la ciudad entera,
y en su conjunto, el bien que el hombre anhela.
No hay virtud sin obrar, ni obrar sin el ruego
de la razón que guía la senda sincera:
ser lo que se es, he ahí la meta bella.
Vía Perplexity el mismo soneto:
En justo medio halla el hombre su grandeza,
ni exceso vil ni falta que lo abate;
la virtud es camino que combate
los extremos que nublan la certeza.
La valentía nace en la firmeza
de quien ni huye cobarde ni se abate;
la templanza dulzura al alma trae,
freno dorado a la desenfrenada presa.
No es la virtud un don que el cielo envía,
sino hábito que forja el ejercicio,
acción repetida que el carácter guía.
Así, en recta razón está el oficio:
obrar con prudencia, luz que nos guía,
hacia el bien que es del alma el noble vicio.
No podía faltar Chat GPT:
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