Constant dirigió su mirada hacia las bambalinas, donde aguardaba un nuevo personaje exigente: el ciudadano privado. Nuestro autor instó al Estado y a la sociedad a respetar a este personaje, a abstenerse de inmiscuirse en sus objetivos vitales y sus creencias más profundas. (Del prólogo a un libro de B. Constant, en Página indómita)
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