Todo eso acabó siendo conocido como la doble vía de la verdad: la fe para quien así lo sienta y la razón para quien la necesite. Dos patas de una escalera por las que poder subir en busca de las verdades, eligiendo cada cual según su criterio y proponiendo así Averroes una revolución epistemológica: una oportunidad para la razón. (EP, hoy)
Pues no sé yo, la imagen...
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La medina de Averroes es, así, menos gestión individual de un carisma alimentado y mucho más atención a la innegable diversidad; lo dialógico y comunicativo, que estará mucho después en la base de la paradoja del recientemente desaparecido Jürgen Habermas: “¿Es posible el triunfo del diálogo?”. La razón averroísta dice que sí, por más que la sinrazón pueda hacer más ruido.
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