Es un creyente atravesado, mala gente que pide el castigo sin misericordia para sus rivales, y la estirpe de sus rivales hasta la n-ésima generación. Se victimiza, él, que nunca deja las ansias de verdugo. Entre sado y maso se mueve este ejemplar de la psicología de la creencia muy seguramente impostada. Podría ser un personaje bíblico, del que no podemos evitar seguir sus ocurrencias y sus logorreas poético- teológicas.
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