6 de junio de 2020

Arrojé una piedra y volvió una nave

-Vale que me levantes en mitad de la noche, entre tinieblas, con el peligro que eso tiene de despertar a mis hermanos, se sobresalten y a saber lo que pueda pasar, se queja Luis S., de padre griego y madre austrohúngara, al extraño personaje que va por delante con una linterna en la mano y un bastón. Pero lo que ya no comprendo y no te quiero perdonar es que al salir de la cueva me ofrezcas una escalera, me pides que suba yo no sé a dónde, y luego que la tire. Con todo el peligro que eso tiene de caerme o de no saber volver. Se me antoja todo esto cosa de locos, de alguien que no ha comprendido bien la lección de sus mayores- piensa y no osa decir...

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