Yo mismo caí a finales de los setenta, como tantos jóvenes entusiastas, en la magia de aquellos magos de las ficciones filosóficas. Recuerdo el impacto de mis primeras lecturas de Michel Foucault con los libros El orden del discurso y Las palabras y las cosas. Sus ideas eran fascinantes. Aquellas ideas no mentían, pero en manos de exhibicionistas podían ser disolventes. Como ocurrió con su utilización interesada en la ideología woke americana y en el podemismo español infectado de los efluvios argentinos de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Todo revuelto sin más conexión entre ellos que la conquista del poder. (En Ld)
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22 de mayo de 2026
Pecados, confesiones, contriciones... Hegemonías, hemerotecas
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