19 de noviembre de 2022

Cdnv

 En cada individuo se reconoce una ley y una disidencia, y es esta disarmonía interior la que los tiene enfrentados, todos contra todos, en una desazón que no conoce el descanso. De ahí que el alma colectiva, enferma sin remedio, demande otra ley en la que cada uno pueda verse idéntico y distinto, pero sin guerras. Razonable y apasionado, con esa mezcla de sal en los asuntos que vuelve placentero el tiempo de la existencia. Así irán de la casa a la plaza, y de la plaza a la casa, contentos con el lenguaje y con las cosas.

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