Escribía Thomas Macaulay que «en todos los siglos, los ejemplos más viles de la naturaleza humana se han encontrado entre los demagogos». En todos los ocasos civilizatorios, en efecto, han florecido –flor de cieno y podredumbre– los demagogos, cuyo rasgo humano principal, a juicio de Ortega, es la irresponsabilidad: «Hostigan a los hombres para que no reflexionen, denigran el servicio a la verdad y nos proponen en su lugar mitos». Es rasgo principal del demagogo –de ahí su constitutiva irresponsabilidad– no medir las consecuencias de sus actos: al demagogo no le importa provocar la avalancha; jugar con el destino del pueblo no le causa la menor zozobra o remordimiento; y la prudencia o la previsión no son, a su juicio, sino palabras rimbombantes. El instinto del demagogo le induce a actuar políticamente echándolo todo a rodar, salga lo que salga, que es la actitud característica de las épocas degeneradas. (J. M. de Prada, en Abc)
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5 de septiembre de 2026
Hemerotecas
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