Si la palabra es sombra del hecho - así argüía el odiado Demócrito Abderitano-, entonces los ídolos transportados por los demagogos son traslaciones de un lenguaje mudo -mejor, signos de una protoescritura- y las sombras proyectadas una deformación en segundo grado -recepción del mensaje- del sentido originario de las cosas. O sea, un cubrir lo ya cubierto, un cierre con doble llave.
No hay comentarios:
Publicar un comentario