19 de noviembre de 2021

De las insidias de lesa alcaldía

 -Nunca gozaréis de la gerencia de Urbanismo, les apostrofó mentalmente dirigiendo su indice a las nubes grises de la tarde. Quizás llueva, pensó. Lo necesita el campo. La gerencia es mía. Os llevaré frente a los tribunos. 

El prócer Máximo mira por la ventana y piensa en cuando aprendió a temer a las sombras en las noches del desierto. Hace muchos años de aquello, pero el miedo y el resquemor se le quedó para siempre. A los perros, a los hombres con la cabeza enturbantada y el machete dispuesto. La gerencia de Urbanismo es casi igual. Se los imagina en sus covachuelas, sonrientes y a la espera.

Ahora es su oportunidad, ahora que lo creen sin fuerzas a causa del mal. Se resistió como pudo a dejarlo, a abandonar el puesto, anticipando quizás lo que habría de venir, por detrás de palabras de aliento y palmadas. Así se conoce a los traidores, por la calidez de sus palmadas. Èl, que había puesto toda su confianza.

-Nunca te confíes- le decía el sargento en las noches terribles de guardia en el desierto. Ahora siente el mismo frío, o quizás es la debilidad de la carne. Se han atrevido a conjurarse, a repartir la herencia, está seguro. El cielo sigue amenazando. Las tormentas lo alegran siempre, pero en este momento no piensa más que en los traidores, esos mismos a los que él encumbró sacándolos del turbio arrabal.


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