Barthes, Argentina, 1967, 20 años.
Ese Barthes era como un extraordinario desprendimiento: nos mostraba lo erróneo de nuestra confianza en leer a partir de la conciencia y de la intención del autor, en reposar en los afanes totalizadores de la historia de la literatura, en apoyarnos en las conexiones entre “vida y obra”, como si eso allanase la comprensión del estilo como rasgo humano. (Nora Catelli, en Babelia)
Esto es, la irrupción de la escritura, la opacidad del lenguaje y todas esas hierbas.
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