Lo peor de las prisiones: no la falta de libertad -¿libertad para qué?; la libertad es un lujo pequeñoburgués y presuntuoso-, sino la coerción de la fisiología, el sometimiento del cuerpo a un régimen. Nunca habíamos pensado en la relación entre dictadura y escatología. (Pienso en esto leyendo la autobiografía de Savater y su estancia carabanchelaria cuando los estertores del Régimen.)
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