Si al cabo de quinientos años de que arrojaran a tu pueblo vuelves tú y se te humedecen los ojos y se te quiebra la voz, si en paisajes, calles y gentes reconoces a los tuyos y estás dispuesto a su amistad, no me ha de importar a mí en quién creas o no creas. Si nunca estuviste tú, ni estuvo tu pueblo, tampoco me ha de importar si crees o no crees. Si estás dispuesto a conocer mi lenguaje, tú ya eres de los míos. Si ya conoces mi lenguaje, ya lo eras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario