El ojo va paseándose festivo por las frases de la redacción. Encuentra, al primer vistazo, una pequeña piedra que decide soslayar, de momento. Inútil. Habrá de volver y torturarse. Lo sabe. Hay algo que no termina de marchar bien. Entre esas dos ideas vecinas percibe un salto y él quiere rellenarlo y que no se transforme en abismo. Ni que toda la mente se transforme en ojo opaco, en él. Cuando no lo piensa, se olvida, y hasta cree comprender. El camino se suaviza, el andar no duele. Pero recae.
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